Analizando la «mega» dirección artística de Mulán (2020)

Por Gretchen García Hernández

En los últimos años Disney se ha propuesto revivir los grandes clásicos que la han consolidado como una de las máximas compañías del mundo de la animación. Para ello pretende recurrir al método del live action. Esto es posible, gracias a los avances tecnológicos en el cine digital, que permiten lograr los efectos especiales de manera fotorrealista.

Hasta el momento grandes clásicos se han llevado al live action, dígase El rey León, Aladino, Dumbo, Cenicienta, La Bella y la Bestia, entre otros. Algunos con éxitos en la crítica y con aceptación en el público y otros no corrieron tanta suerte. Tal es el caso de su última adaptación «live action» Mulan, basado en su homóloga de 1998; e intencionalmente escrito entre comilla ya que nada tuvo que ver con aquella versión animada que tanto conmovió en su momento y sigue haciéndolo en nuestros días. La película, hasta el momento, es su peor adaptación hasta la fecha.

No hay que olvidar que Disney es, ante todo, un negocio cuya finalidad es el entretenimiento. Por tanto, aunque sus películas posean contenido didáctico, no es su prioridad; de ahí que la representación poco fiel de otras culturas, los estereotipos y las conductas discriminatorias (de género, raza, físico, etc.) sean una constante.

Fotograma de Mulan (2020)

La nueva Mulan, con su suntuosidad visual pretendió ser otro pedestal más para conquistar el mercado, específicamente el chino. Pero se convirtió en uno de sus mayores fracasos de taquilla y su peor live action hasta la fecha. La película levantó una ola de protestas por parte del público ante múltiples decepciones desde el mismo tráiler, entre ellas la ausencia de dos personajes icónicos y la omisión de las pegadizas canciones de la cinta animada.

Más allá de que dramatúrgicamente nada tuvo que ver con la versión animada, los creadores no lograron el realismo emocional que presentó la Mulan de 1998 sobre los efectos de la guerra. Por solo citar, la escena tan emotiva donde la protagonista recoge la pequeña muñeca en la aldea arrasada por los hunos quedó omitida en la película de Caro. También el momento en el que Mulan limpia su rostro, se muestra solo la mitad de su rostro maquillado; simbolizando su dilema interno entre lo que es y lo que la sociedad espera de ella.

Para esta ultima cinta, los símbolos y referentes se pierden. La guerra se percibe como un espectáculo de acrobacias que busca más la impresión que la verdadera esencia de mostrar el lado negativo y sus consecuencias. Aunque la película refleja la búsqueda de identidad de la protagonista, no tiene el peso dramático de la animada. Por otro lado, si nuestra protagonista no tuviera las capacidades y el poderoso chi, no descara ni fuera capaz de lograr sus propósito de encajar en un »mundo de hombre».

Tampoco faltaron los errores en la puesta artística respecto a la historia y el arte chino, tema central de esta crítica. Los creadores de la película revelaron en conferencias de prensas que sí se realizó un profundo trabajo de investigación y, si bien, ya no encontramos las geishas de su versión pasada, no dejan de ser evidente algunos baches a la hora de la puesta. En esta ocasión, su principal error no fue la representación de lo chino, sino su contextualización en la trama en tiempo-espacio y su representación desde la mirada de lo occidental. Se pretendió crear un largometraje principalmente para un público chino, fiel al texto original y lo más realista posible. Razón por la cual omitieron el aspecto musical y el personaje de Mushu.

Primero, no queda claro en qué momento o dinastía ocurre la trama. El poema La Balada de Mulan, según testimonios, está escrito en un período que comprende del siglo IV al VI n.e, tiempo donde se desarrollaron las llamadas Dinastías Meridionales y Septentrionales y específicamente, la Dinastía Wei del Norte (386-534 n.e); misma que coincidió con la existencia del clan de los Rouran, una tribu nómada presumiblemente protomongólicas, que fueron aniquilados definitivamente en 555 n.e.

Ahora bien, en Mulan (2020) si encontramos a los rouranos como personajes antagonistas pero el poder invasor y destructivo se centra en la venganza y adquisición de riquezas. En cambio, en el texto original no se hace referencia a contra quien se lucha e históricamente hablando, fue una etapa que se caracterizó más por sus guerras civiles y unificaciones, que por invasiones bárbaras o venganzas. Si bien la guerra era de hecho un asunto importante entre los hombres y una forma de tener honor en su pueblo no eran tan barbáricos como se visualiza en la película.

Las tribus de los rouranos tenían su centro de poder en torno al desierto del Gobi y vivían en chozas de fieltro, hoy comúnmente llamadas yurtas, muy bien representadas en el filmes. Además, tenían un sistema político consolidado bajo el poder de un Khan con un sistema semi monárquico, al igual que la Dinastía Wei del Norte, ya que estaban en constante competencia. Incluso recientes investigaciones demostraron que tenían una forma de escritura sobre madera y practicaban el budismo y por tanto no eran tan salvajes como retrata la película.

Es cierto, que hubo un buen trabajo en la escenografía de su asentamiento, pero en cuanto a los otros aspecto no dieron en la diana. Además los rouranos solían trenzarse el pelo y afeitarse parte de la frente y su vestuario consistía más en pieles que en armaduras de grabados complejos como se visionan en la película.

Fotograma de Mulan (2020)

En la búsqueda de una trama más realista, sustituyen el dragón parlanchín por la bruja cambiaformas y el flamante fénix e incluyó mitos que ni siquiera eran propios de China. La fábula del fénix es en realidad una leyenda egipcia y su diseño es occidental. Para la mitología china el fénix o fenghuang es símbolo de virtud y encarnaba la unión del yin y el yang. El chi tampoco es el concepto que confiere energía o poder al alcance solo de guerreros sino que es el flujo vital de energía en todos los seres vivos, es la vida misma. Otro elemento es la presencia de las brujas que no tienen cabida en la cultura oriental ya que es un concepto puramente europeo.   

Siguiendo la línea de las interpretaciones erróneas de íconos mitológicos vemos a la entrada del campamento militar las figuras de los men-shen. Estos son espíritus protectores que, en la antigüedad, se colocaban en las entradas de las casas para protegerse de los demonios. Carece de sentido y lógica que estén situados en un campamento militar.

En el filme se utilizan términos como Ruta de Seda, Emperador y Ciudad Imperial, todos conceptos occidentales que se utilizan a partir del siglo XVIII. Al Emperador (en su concepto de «Hijo del Cielo») se le llamaba huángdì, y anterior a la dinastía Qin eran denominados Wang. Pero en la Dinastía Wei del Norte se referían a su gobernante como Khan. En el poema, Mulan es leal a su Khan, el Khan del Wei del Norte y no a un emperador chino, que gobernaba sobre dinastías del sur.

Por otro lado, se hace mención a la Ciudad Imperial lo cual descontextualiza la película completamente del tiempo y el espacio del poema. La capital que se visualiza en la cinta es obviamente el centro imperial de Pekin que durante 500 años fue el hogar y el centro político y ceremonial de los emperadores. El problema radica en que se construyó entre 1400 y 1420 en la dinastía Ming, o sea mil años después. Su arquitectura no permite dar un referente exacto de cuando se desarrolla el filme puesto que en su mayor parte esta diseñada por computadora. Incluso resalta a la vista edificaciones que claramente no forman parte del espacio y a pesar de estar realizado por medios digitales no respetan las características propias e intrínsecas de la arquitectura china. Pretendieron crear un espacio casi metropolitano, citadino y rimbombante.

Fotograma de Mulan (2020)

Otro error arquitectónico es el espacio donde vive Mulan, un edificio comunitario redondo que se asemeja al tulou, esta estructura tradicional es única del pueblo Hakka, en la costa sur de Fujianm del sureste de China, y que se comenzaron a erigir unos 500 años después de terminado el reinado Wei.

La escenografía tampoco escapó de caprichos puestos al azar. En la secuencia de la casamentera, la porcelana utilizada no pertenece a ninguna dinastía o tipología, la conjetura es que se trata de un diseño reciente o del pasado siglo. La porcelana con fondo verde estaba en la familia del mono color, la cual carecía de líneas decorativas como se observan en la escena, y en la familia verde caracterizada por los diseños coloridos, inspirados en la naturaleza y con predominancia del rojo nada similar a lo apreciado. Entonces, una vez más no queda claro a qué familia pertenece, e incluso en la mesa no están todos los utensilios básicos para el acto de tomar té.

Fotograma de Mulan (2020)

Por otro lado, el vestuario constituyó un collage puesto al azar y mezclado sin sentido, por donde pasan a la vista un catálogo de más de 15 siglos de historia coexistiendo al mismo tiempo. A modo superficial resalta un gusto por la moda de la dinastía Tang (618-907) y Ming (1368-1644) para las mujeres. En cambio en los hombres encontramos un vestuario que va desde la Dinastía Han (206 a. C. – 220 dc) a la dinastía Ming.

En otras conferencias de prensa posteriores a su estreno, la directora y entrevistas, Niki Caro, explicó que no le interesaba las precisiones históricas. Sin embargo, la precisión histórica es crucial para ofrecer una producción convincente, seria y pensada para una audiencia familiarizada con su propia cultura, teniendo en cuenta que la propia compañía alegó que estaba destinada principalmente para el público chino. Además constituye una contradicción consigo misma ya que admitió haber realizado un estudio sobre la misma.

Así que, de nada sirve omitir el humor, las canciones y el sarcasmo si, en cambio hacen de la moda un espectáculo llamativo y fantasioso. Es así como sobresale a la vista una mezcla inexplicable de algún vestido, claramente de la época Ming, con un peinado de la Dinastía Han. Hubiera funcionado si la intención estuviera en trasmitir un mensaje relacionado a la trama o los personajes, pero la pomposidad y la mezcla de estilos no cumplía una función más que ser atrativos al televidente. Pudo funcionar con la María Antonieta de Coppola, pero no tuvo el mismo efecto en Mulan. Si el pretexto es el realismo y el respeto cultural no puede mezclar más de 1000 años de historia, esta combinación supone una visión cerrada, incorrecta y occidental sobre una cultura.

Tampoco existe una explicación para la rimbombancia del maquillaje. En China no se pintaban las cejas de verde, incluso en épocas tempranas las delineaban pequeñas y en negro. Los labios tampoco se pintaban en su totalidad, dependía mayormente del período. Pero claramente aquí no tenemos una fecha. En la escena de la casamentera, el maquillaje de Mulan se asemeja a un estilo absurdo y exagerado de la dinastía Tang. No obstante, en sentido general se respetaba la belleza natural y sobre todo en las mujeres jóvenes se trataba de aplicar un maquillaje simple que consistía en una fina base sobre el rostro, un leve rubor, labios rosados y un dibujo en la frente opcional y en dependencia del contexto.

Fotograma de Mulan (2020)

Otro punto incongruente es el uso del amarillo y el morado por antojo para los personajes. El morado era un color femenino usado únicamente por la familia real. Del mismo modo, el amarillo era un color prohibido ya que era un color usado exclusivamente por el emperador. La diseñadora de vestuario Bina Daigeler, declaró la intensión de agregar estilo, colores y suntuosidad al vestuario, así como emplear colores brillantes y llamativos para inyectar una sensación de alegría y vivacidad en las escenas. Para la cultura China los colores tenían un significado y no todos estaban permitidos ni se aplicaban para la misma ocasión.

La túnica roja que usa Mulan es un diseño genérico no pertenece a ningún período de la historia china. Tampoco los soldados utilizaban ese tipo de vestuario y armadura, y mucho menos en color rojo. El rojo era un color de la festividad, de la alegría, la virtud y la buena fortuna. Difícilmente un color tan llamativo se aplicaba a un uniforme militar. Dan a entender que la guerra es un espectáculo y no una acción negativa. Pero el desconocimiento no termina aquí, en la escena donde el padre de Mulan reza en el santuario de los ancestros por la seguridad de su hija, apreciamos una exageración del uso de velas rojas, que solo se utilizaban en dichos festivales ¿Por qué aplicarlo a un santuario dedicado a los muertos?

Disney no para de remarcar que hizo un gran trabajo de investigación. Sin embargo, la película demostró lo contrario. Nada tiene que ver con aquella versión de 1998, salvo algunos guiños. Pese a todos los intentos vanos, la versión animada sigue superándola con creces. No hubo más realismo, ni menos occidentalización. Ni siquiera la trama o las actuaciones destacaron ya que se quedaron entre lo que pretendía ser sin lograrlo.

Ni siquiera como película wuxia destaca. “El poema original abarca muchas cosas, pero tal y como ha quedado, es simplemente la historia de una mujer oriental según la imaginación de alguien occidental”, como diría el productor chino Zhang Laodong. Disney no escatimó en gastos, ni en medios para hacer la película lo más auténtica posible; contrató asesores y realizaron viajes a China. Con una producción como esta, con tanto en juego y expectativas y en la que el vestuario y la arquitectura eran elementos clave, simplemente fracasó. Con todo, la Mulan de 1998 fue mucho más dramática, realista y seria que la Mulan de Niki Caro… al menos en la primera los hunos no caminaron sobre las paredes.

Bibliografía

Liang, Ssu-ch’eng 1984, A pictorial history of Chinese architecture: a study of the development of its structural system and the evolution of its types, ed. by Wilma Fairbanks, Cambridge

Russell, Joel F., Schaber, Gerald G: Named Venusian craters . In Lunar and Planetary Inst., Twenty-Fourth Lunar and Planetary Science Conference . March 1993 . 

http://rialta-ed.com/tres-poemas-anonimos-de-la-china-antigua/

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