Lo innecesario de un live action.

Por Katheryn de Armas

Cuando en 1992 Disney estrenase Aladdin, poco sabia del impacto y aceptación que tendría entre su público. Nadie se sorprendió entonces de la decisión de la productora al anunciar su intención de realizar un filme live action a modo de remake de la cinta. Es así que en 2019 vería la luz esta nueva versión protagonizada por Mena Massoud, Naomi Scott y Will Smith.

Poster promocional de la película Aladín (2019)

Al ser la adaptación de una adaptación del mítico cuento de Las mil y una noches, Aladino y la lámpara maravillosa cuenta la bien sabida historia de un joven ladrón que se hace con el control de una lámpara mágica donde descansa un genio que concede tres deseos.

Una pregunta surge y no resulta novedosa, ¿era realmente necesario un remake de la película o es un intento de la compañía de lucrarse del éxito pasado mientras lidian con una aparente sequía creativa?

Es cierto que algunos de los argumentos y líneas temáticas han perdido validez con el pasar del tiempo, pero ¿Disney realmente ha modernizado su modo de pensar y su política creacional o responde simplemente a las normativas vigentes en el sistema de producción norteamericano y hollywoodense?

Si bien la segunda pregunta es difícil de responder, con el análisis de la adaptación se pretende aclarar si era necesaria o no.

Los personajes en esta nueva versión muestran una madurez respecto a sus antecesores, al menos, algunos de ellos. Con la figura de Jafar, Disney rompe esquemas, como había hecho anteriormente con Hans de Frozen. El estereotipo de what´s beautiful is good (lo que es bello es bueno) se desecha en el filme. Lejos quedó aquella apariencia viperina y desagradable del villano animado, dando paso a Marwan Kenzari, más atractivo que su contraparte animada.

Imagen del artista tomada de internet y fotograma de la película.

Este no es el único cambio que sufre Jafar, y ni siquiera es el más significativo. Pasa de ser malo por maldad innata a tener una fuerte ambición y deseo de superarse, al ser un hombre que se construye a sí mismo. Al igual que el protagonista, fue un ladrón que logró ascender en la escala social, pero aun así o quizás por eso, no se conforma con un segundo lugar.

La evolución del personaje con respecto a su versión animada propone una solución refrescante, dotándolo de mayor profundidad. En un primer momento sustituye la violencia y el chantaje para conseguir la colaboración del protagonista, apela en su lugar a sus puntos en común y explica su peculiar visión de la vida. Sin embargo, a medida que sus planes son arruinados consciente o inconscientemente por el resto del elenco, va sufriendo un desequilibrio mental cada vez mayor, que lo lleva a su desenlace final.

Jazmine muestra un despertar feminista muy a tono con la época actual. En esta ocasión no se trata solamente de la búsqueda del amor verdadero, no que este desaparezca, pero su motor impulsor es convertirse en sultana y ser capaz de guiar a su reino a tiempos mejores de esplendor. Qué tanto podrá hacer tras haber crecido entre joyas y sedas y haber visitado la ciudad solo una vez permanece como una interrogante para el espectador tras el final de la cinta, que termina sintiendo que solo fue nombrada sultana para llenar el cupo feminista de la compañía ese año.

Donde Jazmine y Jafar evolucionan en cierta medida, Aladdin se muestra más estúpido que su contraparte. La picardía que le caracterizase de antaño y que tan entrañable le hacía, desaparece casi por completo. Su inteligencia y astucia se ven sustituidos por simples juegos de manos y la potenciación de sus habilidades de ladrón.  El personaje pierde en lugar de ganar y resulta decepcionante.

El genio es quizás el más complejo de los personajes. Pasa de aquel asexual, carismático y querido personaje al que Robin Williams le pusiese la voz, a la actuación de Will Smith. El CGI (Computer Generated Image, Imagen Generada por Computadora) resulta espeluznante por momentos. Sin embargo, lo más preocupante es su humanización. La libertad se traduce en humanidad, el genio no desea simplemente ser libre, sino ser humano y fundar su propia familia. En esencia, el cambio no es malo, sin embargo, va en contra de todo lo que el Genio y la figura del djin, fuente de su inspiración, representan.

La ciudad de Agrabah fue siempre árabe, con la excepción de su mítico palacio, sin embargo, la nueva versión, presenta fuertes incongruencias geográficas. La ropa y maquillaje de Jazmine recuerdan a un estilo de vestuario de la India, lo mismo que los bailes que son referencia clara del cine bollywoodense. Como elemento positivo, este nuevo vestuario está menos sexualizado que en la original y por ende, la cosifica en menor medida y por lo que la humaniza y respeta más.

Créditos al autor. Imagen original tomada de internet.

De manera general, intenta mantener la esencia original. Preserva el corte musical, a diferencia de Mulan que elimina las canciones por completo y las sustituye por penosas referencias. Realiza los cambios necesarios en la letra de Arabian nights (Noches en Arabia), para eliminar el racismo y prejuicio inherente. Las interacciones entre Jazmine y Aladdin son más realistas y con mayor frecuencia. Además, para equiparar la importancia de ambos protagonistas se agrega una canción de presentación de Jazmine como complemento del momento sonoro del descubrimiento de Aladdin de su inutilidad; ambos temas son consecuencia directa de su encuentro y terminan por definirlos.

Las tramas secundarias están más desarrolladas, hay un motivo para la sobreprotección del sultán con su hija. La reina, su esposa, murió asesinada y eso lo llevo a encerrar a la princesa. La incorporación del personaje de Dalia cumple simplemente la función de ser el complemento romántico del Genio, el cual, por cierto, sigue sin tener nombre pese a su forzada humanización. Se cuenta poco del personaje y más allá de escasos consejos y diálogos esta subyugada a su rol como pareja.

Si bien es cierto que supone una actualización en varios aspectos, no resulta indispensable y es considerada una de las peores adaptaciones del estudio y a la larga, innecesaria y pierde más de lo que gana. Sus potencialidades son desaprovechadas y el producto final termina siendo decepcionante.

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