Mulan: Honor, China y Occidente.

Por Katheryn de Armas

Continuando la trayectoria inclinada hacia protagonistas e historias ubicadas en la otredad como Aladdin en el mundo árabe o El rey león ambientada en África, llega el clásico Disney de 1998, Mulan. Basado parcialmente en el poema chino Balada de Mulan, este narra, desde una perspectiva bastante occidentalizada, la historia de una joven que se embarca en la guerra en lugar de su padre vestida como hombre. Es a raíz de ello que comienzan los problemas de esta chica que debe, no solo ganarse su lugar entre un ejército de hombres, sino también evitar ser descubierta.

Desde el inicio de la película se comienzan a mostrar estereotipos en cuanto a lo que Occidente piensa de Oriente, algo usual en el universo Disney. La primera, al menos en su versión española dice, al hablar del ideal de mujer no solo en China, sino en el resto del mundo durante mucho tiempo: “debe ser muy cortés,/ calma, obediente, no des traspiés,/ buenos modos y la talla tres./ Nombre y honra nos dará./ Los hombres luchan para honrar a nuestro emperador,/ las chicas han de dar sus hijos con amor”.

Se muestra entonces el ideal de la novia como una especie de muñeca que debe seguir un comportamiento marcado por ciertas reglas de la sociedad. Poco importa los valores, inteligencia y sentimientos de la futura esposa, lo importante es su apariencia y sus actitudes para el cuidado del hogar.

Este tratamiento se muestra acorde a las construcciones de los primeros clásicos de la compañía que mostraba a los personajes carentes de profundidad, en una búsqueda constante de marido como sueño de vida. Espera encontrar entonces, a pesar de la atemporalidad de la película que juega con elementos del pasado y el presente, la mujer perfecta que no tiene opinión propia y simplemente sigue las normas. La situación va más allá, estableciendo incluso un modelo en cuanto a la talla que se debe tener. Las indicaciones muestran también los deberes que se espera que tengan en función de la dinámica de roles establecida: los hombres deben pelear y las mujeres quedarse en casa realizando labores domésticas. La letra es apoyada por las imágenes de una niña que juega con una muñeca, mientras dos niños pelean con espadas de madera.

Uno de los elementos de mayor importancia a lo largo de la cinta es la superstición. Es el grillo de “la suerte” de la abuela el que mete a Mulan en líos con la casamentera. Los ancestros, que son presentados como personajes visibles, envían a Mushu tras ella y es él el que desencadena la serie de eventos que causan que sea finalmente descubierta. Esta religiosidad suele estar asociada a los pueblos asiáticos, que suelen vivir sus religiones (budismo, sintoísmo y corrientes como el confucionismo) como una parte importante de la vida y suelen tener los ancestros, sus enseñanzas y su honor como un motivo de respeto. Por supuesto, en este caso está pasado por un filtro occidentalizante que permea no solo la concepción de la misma, sino que, y remitiéndome al final de la película, los mismos celebran el regreso de Mulan trayendo honor a la familia con música occidental y coloridos y motivos que no se asocian con las festividades chinas.

Si de la casamentera se trata vuelve Disney a caer en otra de sus repeticiones. Al igual que con villanas como Úrsula, basada en una célebre drag queen o Cruella de Vil se recurre a la presentación masculinizada del personaje. Resulta incluso cómico que sea precisamente un ser tan feo y poco femenino, al menos en apariencia, a quien se recurra para conseguir los emparejamientos hechos y sea ella quien dé o no su aprobación para la realización de bodas. Su apariencia podría tenerse como una representación de su interior, de lo amargada que se la ve desde su presentación, pero también podría ser un modo de la compañía no solo de mantenerse fiel a sí misma, sino además de recaer, nuevamente, en la idea de que los personajes malos o que realicen momentáneamente papeles antagónicos no pueden resultar visualmente atractivos, en un intento de exteriorizar la fealdad de sus almas.

Disney parece seguir, al igual que en otros proyectos, el estereotipo de “what is beautiful is good” (lo que es bello es bueno) en función del cual las personas frecuentemente atribuyen características positivas a lo atractivo y características negativas a lo feo. Esta idea se repite entonces con los personajes de Shan Yu, el villano de la historia y con Chi Fu, quien a pesar de no ser malvado y solo estar cumpliendo con su trabajo se presenta ante el público como un personaje un tanto repulsivo, al que le faltan algunos dientes y tiene una cara picuda que resulta incómoda a la vista, sobre todo si se le compara con Zhan.

Imagen original. Créditos al autor. Tomada de internet.

Si bien las apariencias de Yao, Ling y Chien-Po no son atractivas, estos personajes resultan de algún modo no solo caricaturescos, sino también entrañables. Con ellos se establece un cliché de otro tipo. Yao es el bárbaro matón que trata de imponer su voluntad incluso a sus amigos, pero que en el fondo esconde un gran corazón y una preocupación profunda por aquellos que le rodean. Ling se muestra como el bromista empedernido que es incapaz de tomarse nada en serio, pero con el que siempre se puede contar sin importar la situación. Chien-Po resulta quizás de los más interesantes, en un primer vistazo recuerda al típico luchador de sumo, a pesar de ser estos de origen japonés (no que Disney se haya preocupado mucho por hacer “mescolanzas”) pero que esconde el alma más pura de todos. A pesar de presentarse como personajes que hacen bullying, sobre todo Yao, ni son a simple vista del tipo guapo y popular que se asocia con esta clase de comportamientos en la actualidad, ni son en realidad tan malos. Detrás de esa fachada de tipos duros se esconden el tipo de personajes que pueden llegar y se convierten en verdaderos amigos y defensores de la protagonista, siendo de los primeros que aceptan a Ping (nombre que adopta Mulan como hombre) tras este probar su valía y de los primeros que se ponen de su parte durante la invasión de los hunos a la capital china.

Fotograma de Mulan (Walt Disney Productions, Bancroft T; Cook B; 1998)

Algo contradictorio en esta producción gira en torno a la idea de la hija trayendo honor a la familia a través de su matrimonio, mientras estaba establecido en la China del siglo VI, momento en que fuese compuesto el poema en que la obra está basada, que esta era incapaz de traer honor a su familia de ningún modo y solía ser vista como material de cambio. Disney toma entonces la decisión de oponerse a la tradición para poder crear la primera de sus heroínas que es capaz de cuidarse a sí misma y no anda en la búsqueda constante del verdadero amor. Aunque parece que por una vez va a escapar de su regurgitada creencia en este y en su fórmula casi matemática, al menos en palabras de Marlene Wurfel, que establece que: buena + guapa + pasiva + virginal+ comatosa + blanco y/o abnegada + doliente = $ un $$ bello $$$ príncipe $$$$ (1999). Mulan termina conquistando y obteniendo como botín de guerra, a menos a los ojos de su abuela, a Zhan.

El honor se convierte en el hilo conductor de la película, al menos, aparentemente. Es por traer honor a su familia y evitar que su padre vaya a una guerra que indudablemente acabará con su vida lo que impulsa a la protagonista a irse de su casa. El no encontrarse a sí misma y no reconocerse ni insertarse en su medio le dan fuerzas para tomar su decisión. Sin embargo lo que parecía ser una decisión desinteresada termina convirtiéndose en una egoísta búsqueda personal de aceptación y de un lugar de pertenencia. Su entrenamiento se transforma en un redescubrimiento de sí misma que le permite casi al finalizar la cinta rechazar el puesto del emperador para regresar a la casa de la que en un primer momento huyó.

La contradicción que se da al interior del personaje de Zhan, que hasta ese momento parecía estar guiado sobre todo por su código de honor, tras descubrir la verdadera identidad de Ping, lo llevan incluso a romper una promesa, a pesar del profundo significado que de estas se hace en el universo Disney y en el mundo asiático. Tras prometerle confiar en él, como agradecimiento y deuda por salvarle la vida, ignora sus advertencias acerca de los hunos cuando como Mulan se le acerca en la ciudad. La pregunta que ella le hace resulta reveladora y su repuesta preocupante: ¿Si confiabas en Ping, porqué no confías en Mulan? En la película la ignora pero no es difícil suponer para el espectador que es por ser mujer. Una posibilidad algo más positiva es que su confianza en ella estuviera rota por sus mentiras y no por ser mujer. Considerando que Zhan se enamora de ella nada más descubrir que es mujer, o quizás tras salvar a China, no es absurdo suponer que sus sentimientos llevaban quizás ya un tiempo cociéndose.

Su desconfianza le permite no solo brillar a Mulan como heroína indiscutible de su propia historia, sino que pone también en peligro la vida del emperador, de sus propios hombres y de toda China. De cierto modo se rompe aquí con la idea de la mujer como damisela en apuros, colocándole a él por detrás de ella y dándole el protagonismo total de la obra, permitiendo que por primera vez en la historia de la compañía una mujer brille con luz propia sin estar anclada a un hombre que la realce, apoye o rescate.

Fotograma de Mulán (Walt Disney Productions, Bancroft T; Cook B; 1998)

La búsqueda del honor que originalmente la impulsó y que sirvió como tema recurrente a lo largo de la cinta se ve finalmente recompensado, al menos en el caso de ella cuando, tras regresar a casa con los regalos del emperador su padre le confiesa que el mayor honor es tenerla a ella como hija, revirtiendo en el proceso no solo el pensamiento machista imperante en Occidente, sino las características propias e intrínsecas de la cultura China.

Disney intenta posicionar a Mulan como una heroína fuerte, independiente, capaz de valerse por su misma, sin embargo, no deja de lado en ningún momento la concreción del amor, replanteando la idea de que una mujer necesita de un hombre para sentirse completa y feliz, aun así, en relación con sus antecesoras y algunas de sus sucesoras es indudablemente una película rompedora. Aunque, tristemente, para lograr este objetivo termina recurriendo a una visión occidentalizada del Oriente y a la utilización de clichés y fórmulas que con anterioridad le habían dado resultado, pero no por ello resultan menos ofensivas.

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