Anatomía de Grey: el impacto cultural más allá de una serie

Por Elin Driggs

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El pitido de un viejo beeper interrumpe el recorrido de presentación a los nuevos internos Meredith, Cristina, Izzie, George y Alex. Ellos, noveles médicos cirujanos, están bajo las órdenes de la residente Miranda Bailey. Un helicóptero trae su paciente; mujer, 15 años apenas. El ambiente de hospital trasluce la pantalla.

Batas de blanco por doquier no camuflan el color azul de la indumentaria. Tan impávidos aparentan estar los protagonistas. La primera convulsión resquebraja la aparente calma. Meredith (protagonista principal) carga el primer error, el primer regaño. Una Miranda desafiante la cuestiona.

El coctel de diazepam intravenoso ceda a la chica. Apenas logran tumbarla horizontalmente en la cama.

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Han pasado 16 años desde la primera aparición de Anatomía de Grey en la cadena estadounidense de televisión ABC. Quizás ni su dirección presagiaba en lo que se convertiría: una serie de culto. Fue tal su éxito que apenas en la segunda temporada la media de audiencia rozaba los 20 millones de espectadores. Se posicionó como la más vista por los televidentes de entre 18 y 34 años.

El universo creado por Shonda Rhymes resquebrajó precedentes. La autora evitó los puntos comunes de la competencia y potenció una especie de “rebeldía cultural” en los cánones utilizados en series de temática médica. Fue un cambio de narrativa.

Antes de esta propuesta, ninguna producción había abordado la diversidad racial y de género desde una perspectiva donde los protagonistas -mujeres y hombres- de diferentes etnias se ven empoderados en el ámbito de la medicina y las relaciones humanas que giran en torno a ella.

Ejemplo supuso el elenco de la primera temporada, el cual incluyó tres actores afroamericanos interpretados por Chandra Wilson, James Picks Jr e Isaiah Whashington. Ellos ocuparon cargos de poder en el hospital en que se desarrolla la historia.

A esto se suma Cristina Yang, con la participación de Sandra Oh, actriz canadiense de origen surcoreano, cuyo personaje va a jugar un rol fundamental como amiga de Meredith, el personaje principal. Yang se convirtió en uno de los personajes más populares. Competitiva, ambiciosa e inteligente, sobresale por su lealtad.

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Poco más de 19 horas han pasado de guardia. Nuevamente el beeper; el jodido beeper pensará Grey. Más ahora no fue una broma. No. Por sus laterales ve correr varios enfermeros. Nuevamente la paciente de 15 años colapsó.

Meredith es su responsable momentánea. Entra en shock al ver las feroces convulsiones. Ni los gritos de sus colegas la espabilan. Está anonadada. Un violento primerísimo primer plano enfoca sus ojos… A esta altura recae mucha presión en ella. Sus compañeros incluso especulan sea hija de una prestigiosa doctora.

Esta vez no funciona el diazepam; tampoco el Lorazepam. Se desbarata en la camilla. Ni siquiera yace; se desarma en poco más de un metro de colchón. No conjetura nadie. Su corazón se tranca. Sufre un ataque. Par de desfibrilaciones la sacan del trance.

Fotograma de Grey´s Anatomy

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Anatomía de Grey no solo posicionó a su elenco en el centro del mundo del espectáculo, sino que también inspiró (aun hoy lo hace) a aquellos que sueñan con convertirse en médicos. Tras 17 temporadas se ha consagrado como la producción más larga de su tipo, con más de 300 episodios.

Sin embargo, pudiéramos decir que el serial médico se encuentra en medio de una dicotomía. Por un lado, la vemos como una producción que simplemente se consume con fines de entretenimiento. En el otro, se encuentra una disyuntiva que cuestiona la existencia de algún tipo de aprendizaje en cuanto a términos y procederes médicos por parte del espectador.

La expansión de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la información han generado que el público, de cualquier país, entre en contacto con contenidos extranjeros, en especial los provenientes de Estados Unidos. Desde la década de los ochenta, los programas de entretenimiento y series de naturaleza cómica y dramática proveniente de ese país han hegemonizado importantes horarios de la televisión. Poco a poco han marcado también la cultura de la nación a la que llegan estos contenidos.

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Incrédulo e ingenuo, un inexperto George O’Malley promete (craso error) que su paciente se salvaría. Al final, es solo una operación protocolar. Una nimiedad. Era el caso menos peligroso. Pero no lo rebasó. Un corazón con demasiado daño, le dicen. Promete cuál si la vida le fuera en ello. Al final asume que cada paciente es parte su vida.

Todo lo contrario ocurre en otro salón de operaciones. Meredith asiste a su primera cirugía en su primera guardia. La suerte, y el talento, se pone de su lado. Una aneurisma detonada por una torcedura de tobillo. Una entre un millón de posibilidades. Pero logran salvar a la joven de 15 años.

Cual cliché la serie se torna musical. Una leve banda sonora combinada con planos en cámara lenta muestra los instantes finales del capítulo. Fueron sus primeros 43 minutos. Una serie llamada Anatomía de Grey era lanzada por ABC.

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Anatomía de Grey se convirtió en un ícono de la cultura pop y eso se debe dos fortalezas que posee desde la construcción de su guion. La primera de ellas es la intensidad de sus historias al interior de la sala de urgencias, la segunda es su papel rompeder de los estereotipos creados para aquellos programas que pertenecen al entretenimiento televisivo.

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