Gambito de Dama

Scott Frank escribe y dirige una de las producciones de Netflix más soberbias en los últimos meses. Es que, Gambito de Dama va más allá de ser una serie sobre el ajedrez; ya que sus temas más latentes es la adicción y la superación de una mujer en un deporte, que en su momento estaba dominado por los hombres. Pero no se detiene en tantear en temas de género y drogas, Gambito de Dama habla del consumismo, la soledad y los fallos de una sociedad, aparentemente marcada por lo socialmente correcto. Feminismo, guerra fría, Ajedrez, drogas y alcoholismo conjugan en una misma trama de forma efectiva. Por supuesto temas que pasan a la vista de forma fugaz por la brevedad de la serie. Asimismo, posee un estilo visual que transita entre lo clásico y futurista, muy efectivo ya que se trata de reflejar los años 60 en los EEUU. 
El deporte es un tema constante en el cine y la tv, un pretexto para resaltar las virtudes y el pesado de una deportista o reflejar las fortalezas, las debilidades y el espíritu competitivo del ser humano. En esta ocasión es el ajedrez, un deporte de antaño, el motor dramatúrgico. Muy pocas veces ha sido tomado como referente cinematográfico, cabe mencionar El séptimo sello de Ingmar por su carácter pausado y exento de dinámica, ya que depende mas de la destreza mental que de aptitudes física, por ello se convierten en un deporte que despierta poco entusiasmo visual. Sin embargo, en Gambito… el ajedrez, con cada apertura y jugada, también adquiere un rol simbólico en dependencia del oponente de nuestra protagonista Beth: sexual, agresivo, arrogante, inocente o incluso inseguro. Los sentimientos de Beth, están reflejados en sus jugadas de manera exquisita. Mas que nada, gracias a al uso inteligente de planos, música y la edición el juego se ve envuelto en adrenalina y la anticipación sobre quien gana la partida. 
Como se mencionó anteriormente todos los elementos de la puesta juegan y encajan perfectamente como piezas de engranaje: la fotografía, la música, los planos…cada uno perfectamente pulido y en función de lo que el momento dramatúrgico requiere. Pero la pieza clave en este juego, la reina, por decirlo de alguna manera es el personaje protagónico de Beth Harmon. Precisamente la trama, en su transcurso no-lineal, muestra toda su vida, su presente, su pasado, aprensiones, miedos, traumas… convirtiéndola en un personaje rico de matices y la mejor jugada de la serie. Por supuesto, la actuación solvente de Anya Taylor-Joy ayudó al desarrollo de este personaje y al logro de este equilibrio del guion y la puesta. Ver menos

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