Como entender la posmodernidad según Deadpool

Por Gretchen García

Esto va a estar de #$%@ madre

Deadpool

Interpretar la posmodernidad no es nada sencillo. Pese a todos los estudios, análisis y teorías artísticas, filosóficas y culturales no entendemos del todo esta sociedad postindustrial, ciber social y paradójica en la que vivimos.

Entender esta diatriba filosófica no es para todos, incluso hay quien se atreve a llamarle innecesaria. Demasiados textos con palabras complejas, términos opulentos y frases extensas sinsentido, dirán.

Pero la búsqueda del conocimiento es innato al ser humano. Los planteamientos posmodernos nos permiten entender al hombre en su quehacer, forma de pensar y actuar. Toda formación de individuo, es decir, toda personalidad es producto de una etapa histórica.

El problema de interpretar la posmodernidad radica en que hay una conciencia sobre la diversidad de interpretaciones sobre el mismo objeto de análisis y todas pueden ser válidas sin importar lo contradictorias que sean.

¿Y qué si todos estos textos complejos se reflejaran en algo tan popular, tan conocido y tan comercial? Supongo que entonces expondrán que busco interpretaciones complejas donde no lo hay.  Deadpool atrae por su narrativa, por su psicología, por su apego a la psicosocial, y sí, por ser un referente de lo posmoderno en toda regla. Además, vivimos en una sociedad donde todo objeto artístico y cultural está sujeto a análisis. Así que ¿Por qué no?

En 1990, en el #98 de The New Mutants aparece un peculiar personaje rompiendo la 4ta pared mediante el diálogo con el lector. El villano en cuestión se trataba de una creación de Rob Liefeld y Fabian Nicieza. Si bien fue originalmente concebido como un villano secundario o más bien un artilugio gracioso; no tardó en seducir al público y convertirse en un ícono de la Marvel.

Fotograma de Deadpool

Wade Wilson, alias Deadpool, aparece por primera vez en la película X-Men Origins: Wolverine. El personaje es interpretado por Ryan Reynolds, mientras que Scott Adkins interpreta a Deadpool/Arma XI mutado. Más tarde, en el 2016, Deadpool tuvo su propia película con Reynolds de vuelta interpretando al personaje. La cinta estuvo dirigida por Tim Miller, con un guion de Rhett Reese y Paul Wernick, quienes respetaron la naturaleza del personaje y le dieron total libertad creativa al actor para improvisar. Años más tarde se estrena su segunda adaptación con igual aceptación tanto para la crítica como para el público.

A modo de bosquejo, apreciamos un sinfín de géneros desde la comedia romántica, el drama hasta el cine de gánster al estilo Tarantino. Es de esperarse que en una película sumamente ecléctica se reitere una y otra vez recursos y elementos de la cultura popular, el cine, el teatro y la música. 

Fotograma de Deadpool

¿Cómo se refleja nuestra sociedad posmoderna en una película de categoría R?

En muchos aspectos Deadpool, consciente o no, es la tesis de todos los postulados posmodernistas escritos por teóricos como Jameson y Lyotard, así como los más tempranos Daniel Bell y Walter Benjamin.

El sujeto posmoderno no cree en los grandes relatos, los que se entienden por religión (cristianismo) y política (marxismo y capitalismo). De hecho, no le quedan más metarrelatos que inventar, ni quiere trascender en ellos. Por tanto, trata de ir en contra de estos metarrelatos. Solo le interesa el placer y el cuerpo. Lo que lo convierte en un sujeto altamente consumista y narcisista.

Wade es un mercenario pero también es un hombre en un comienzo con un atractivo físico. En varias ocasiones se hace referencia a la portada donde Ryan Reynolds es anunciado como el hombre más sexy. El mismo personaje vive obsesionado con su aspecto y busca la venganza a raíz de su deformación física.

A ello suma la representación de su traje. Más allá de los colores utilizados, está sumamente sexualizado a la línea del sadomasoquismo. Particularidad que el actor aprovecha para aportar performances y poses eróticas con fines humorísticos.

Por otro lado, si interpretamos la película como nuestra sociedad, podemos anticipar que el director representa a un líder político y, me atrevo a decir, que el guionista sería Dios. En cambio, nuestro protagonista deviene en ser una materialización de nosotros: el sujeto posmoderno. Un personaje lleno de cicatrices, buscando la aceptación y enfrentado los miedos y, lo que es a nuestro juicio, el mal.

Siguiendo esta línea, en Deadpool, ni el director ni el guionista controlan la trama de la película ni mucho menos al personaje. Es más, ni siquiera dirigen la historia o la línea de acción. Tampoco nuestro protagonista construye o sigue algún metarrelato. No tiene motivación política, religiosa o moral. Busca su venganza, su propia justicia y sentir placer. Además, tanto el ritmo como la narrativa depende enteramente de Wade.

Es el (anti)héroe quien congela la historia, marca el tiempo, rebobina, cuenta y dialoga directamente con el espectador e incluso controla la cámara. De modo que su condición de narrador es su condición posmoderna.

¿Por qué la muerte de los metarrelatos?

Los inicios de la posmodernidad están en la II Guerra Mundial. Conocemos el impacto histórico que supuso la misma. Es lógico que tras las consecuencias socio-económicas se pierda la fe en la religión, cuando ni los grades líderes, ni el propio Dios impidiera que millones de personas murieran y sufrieran por conflictos políticos, raciales y territoriales. 

Entonces … ¿Qué queda? ¿puede el hombre vivir sin creencias religiosas y políticas? Por supuesto que no. De ahí que de los metarrelatos pasamos a los pequeños relatos, es decir, nuestros propios relatos personales. En la posmodernidad la verdad no es absoluta ni general. Cada individuo tiene su propia realidad. El relato posmoderno no exime de hacer juicios ni crea bandos buenos VS malos.

Wade no es un héroe, sino un protagonista en una película que lucha por lograr su venganza. No sigue ningún código; destruye autos, provoca accidentes, asesina y disfruta de desencadenar el caos. Por ello trasgrede cualquier moral social y religiosa tradicional. No se trata de ser bueno/malo, héroe/villano, blanco/negro (y no me refiero a raza) sino de matices grises y donde la línea entre el bien y el mal es difusa.

Como película de superhéroes mantiene algunos elementos típicos de la narrativa: un interés amoroso, un villano poderoso y un cómplice simpático. Pero subvierte estos términos y se burla de ellos. Deadpool, es una crítica constante de sí misma. Un referente de que nuestra sociedad vive la auto crítica y la empaqueta como producto artístico y comercial.

Es gracioso porque Deadpool con toda su representación de la sociedad consumista, narcisista y egoísta, no pretende hacer una crítica de ello, es solo una película comercial más para toda la lógica institucional. Y Deadpool lo sabe. No niega que es una cinta comercial, que existen incoherencias en la trama y que es una película sobre él, porque es es un personaje genial. En fin, todos sabemos cuan modesto es. ¿No les parece una referencia a las compañías alardeando por sus producciones o presupuestos? De ahí la utilización de la ruputura de la 4ta pared. Función: humorista y confirmar lo que el espectador ya sabe.

Por si fuera poco está llena de clichés cinematográficos. En este sentido, Deadpool es mucho más posmodernista que películas que pretenden apelar a esa corriente filosófica-artística. Tampoco es que intenta ser inteligente, es a todos los efectos entretenida y comercial, pero termina apreciándose como un filme en el que se interpreta más de lo que se ve.

Los referentes cinematográficos y culturales son sin lugar a duda, la cereza del pastel de la película. Por supuesto, hay que conocer dichos referentes. Son divertidos, inteligentes y nos trasmiten nostalgia. En las teorías posmodernas esta herramienta se denomina hipertextualidad.

Fotograma de Deadpool

La hipertextualidad es el elemento que corona nuestra sociedad actual. Refiere la intersección de un signo/imagen/texto dentro de otro signo/imagen/texto. Es decir, es un referente cultural. De principio a fin la película está llena de referentes tanto hacia el propio actor como a la cultura pop, la Marvel, los X-Men, etc. Principalmente desde la parodia pero también como recurso estético.

La historia del arte demostró que la cultura se nutre de sí misma y se recicla una y otra vez. Recordemos el clasicismo. ¿Por cuántos vamos ya?

Pero cuando hablamos de un control y/o copy/past, es una tesis de la posmodernidad. Y Deadpool es un pastiche posmodernista. Desde los créditos lo vemos venir con la propia referencia a Ryan (portada de revista), la postal de Linterna Verde (Papel que asumió para DC), los días festivos para marcar el lapso temporal de la relación, los clichés y referentes a películas como X-Men, de DC, del UCM, James Bond, Flashdance, John Wick y así sucesivamente. Sería interesante para un próximo artículo. ¿No?

Tan simple como tan compleja, tan genuina como multinterpretativa.  La diégesis del relato y la realidad se rompe una y otra vez. Sin embargo, disfrutamos sus peleas, sus chistes, humor negro y sus provocaciones sexuales.  De eso se trata la posmodernidad, no de hacer juicios sino simplemente de disfrutar y sentir placer visual. Y es que Deadpool no critica la posmodernidad sino que la celebra.

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