Hércules: Entre desmentir el mito y crear la leyenda

Por: Luis Daniel Ferrer Salgado

El mundo del cine está lleno de casualidades creativas, de películas con tramas muy parecidas que se estrenaron con muy poco tiempo de diferencia. Hasta ahí puede ser perdonable y entendible, pero lo que a veces el espectador no logra entender (por mucho que se rompa la cabeza) es que estos largometrajes tengan prácticamente el mismo título e incluso traten sobre el mismo personaje.


Y aunque ejemplos hay para repartir en este caso nos centraremos en las dos películas sobre Hércules que se estrenaron en el año 2014 con apenas seis meses de diferencia: Hércules: El origen de la leyenda (dirigida por Renny Harlin) y Hércules (por Brett Ratner).


La primera, a pesar de no tener un gran reparto, prometía tener mucha acción y aventuras, no solo por el tema que trataba, sino también porque los rostros más conocidos gozaban de experiencia en el género como Kellan Lutz, el propio Hércules, que ya había aparecido en títulos como Crepúsculo o Inmortales; Liam McIntyre, el famoso Espartaco de la serie homónima; villanos recurrentes como el artista marcial Scott Adkins (Los Mercenarios 2), el siempre “ruso malvado” Rade Serbedzija (Misión: Imposible 2); e incluso con una Gaia Weiss que se estrenaba como guerrera en la serie Vikingos.

Imagen promocional de Hércules: El origen de la Leyenda


Pero el filme se queda ahí: en una promesa. La interpretación de los actores no está ni remotamente cerca de los papeles que les dieron fama, la trama es absolutamente aburrida y predecible y las licencias literarias nos hacen preguntarnos todo el tiempo dónde están Megara, los doce trabajos y todas las aventuras que pretendíamos saber del héroe.


El león de Nemea sí está, pero como un obstáculo que se encuentra nuestro protagonista sin querer y sin siquiera preguntarse el porqué este estaría tantos kilómetros lejos de casa y los personajes con un trasfondo mitológico como Anfitrión, Alcmena, Ificles y Hebe tienen orígenes y personalidades que en nada se asemejan a lo que narraron los antiguos griegos.


No por gusto fue un fracaso en taquilla que no pudo ni amortizar los 70 millones que costó su producción.


La segunda en cuestión con Dwayne Johnson, alias La Roca, en el papel de semidiós que da título a la película podemos apreciar a un protagonista (que poco tiene de griego, pero sí mucho de afrosamoano) que debido a situaciones del pasado ya no es un héroe y se dedica a ganar dinero salvando a aquellos que más puedan pagar por sus servicios.


Esta cinta partía con muchas ventajas sobre la anterior y no solo porque tuviese más presupuesto o el elenco fuese más conocido con Rufus Sewell (Corazón de caballero), Ian McShane (Piratas del Caribe 4), John Hurt (El expreso de medianoche) y Joseph Fiennes (Shakespeare enamorado), sino porque, aparentemente, la historia era más “original”. Aunque no tanto porque se basa en una historieta llamada Hércules: Las Guerras Tracias.

Fotograma de la película Hércules


Aquí se dedican durante casi toda la película a desmitificar al héroe, a darle una explicación creíble y razonable a cada una de las historias que han sido narradas durante siglos sobre este personaje. Y hasta ahí está bien. Pero luego ocurre el giro de la trama más inesperado posible y te dan a entender que sí, que el guerrero tenía un trasfondo sobrehumano y que podía (nunca lo aclaran) ser el hijo de Zeus como contaba la leyenda.


Entonces ¿lo que decían era verdad? ¿Era mentira? ¿Una mentira que se volvió verdad? Pues te quedas con las dudas. A la película ese detalle no le interesa, está más entretenida en mezclar distintos géneros cinematográficos, brindarte una variada cantidad de efectos especiales y 3D, y en regalarte a un protagonista que por momentos te recuerda al Máximo de Gladiador (2000) y a ratos al Aquiles de Troya (2004), pero muy poco al Hércules de la leyenda.


Sí, es tan fuerte que es capaz de estrellar a un caballo contra el suelo, pero ¿y qué? Todo lo demás relacionado con el personaje es completamente nuevo, que no sería del todo malo si no fuera porque hace demasiadas alusiones a películas anteriores de estética similar.


Las actuaciones no son malas, aunque Sewell intenta todo el rato desligarse de sus papeles de villano del pasado, mientras que McShane, por el contrario, repita el mismo estereotipo de personaje de sus últimas interpretaciones. Eso sí, Irina Shayk como Megara es totalmente olvidable con dos escenas de flashbacks y alguna frase.


Este filme gozó de más apoyo por parte del público (al punto de recaudar más del doble de su costo) y la crítica, pero no porque fuese mucha mejor película sino porque después del desastre que fue la primera cualquier adaptación que se hiciese posterior iba a parecer una obra de arte.


Estas películas no deberían compararse en el sentido de que ambas persiguen objetivos diferentes y pretenden tomar caminos separados desde el primer minuto. Pero es que no lo consiguen y analizar diferencias y similitudes es inevitable para cualquiera que haya decidido verlas hasta el final.


Aún suponiendo que no trataran del mismo personaje sigues teniendo dos largometrajes en el que un héroe en un principio no cree la profecía que encierra su nombre, es desterrado de algún lugar, pelea con un león, se enamora de una princesa y crea una rebelión para destronar a un rey malvado. Y no nos olvidemos de la escena cliché en la que debe romper unas cadenas para demostrar que tiene fuerza sobrehumana (como si no existiesen más formas igualmente ilustrativas).

Fotograma de Hércules: el Origen de la Leyenda


En cuanto a la biografía del personaje mitológico ambas cintas dejan mucho que desear en cuanto a fidelidad. Sí, es cierto que es bueno sorprender al espectador cambiando ciertos aspectos para que la historia no sea demasiado predecible, pero en este caso las transformaciones de la trama, lejos de crear asombros, crean dudas.


Empezando por el papel de los dioses. Se mencionan mucho y se les denomina como la causa principal de la fuerza del héroe (se supone que hijo de Zeus), pero en ningún momento se les aprecia participando en la historia. Solo sirven como anécdota y para justificar la divinidad del protagonista.


Y entonces, ¿Porqué Hera no se venga de la amante de su marido o del fruto de la traición? En ambas películas todas las posibles intervenciones divinas son cambiadas por acciones de mortales y esto desaprovecha el tirón mitológico para centrarse en un género de aventuras corriente.


En el caso del Hércules de La Roca estaría justificado si el guion no hubiese tenido el giro inesperado que contradice toda la “humanización del héroe” que predica durante la mayor parte del metraje. Pero en El origen de la leyenda es totalmente inexplicable, ya que su principal base sería justamente explicar cómo es que el personaje se gana toda la fama y reconocimiento, y en eso los dioses tendrían mucho que ver.

Fotograma de Hércules


Lo peor es que lo más parecido a la participación de un dios en la trama es cuando Hera habla a través de la criada para anunciar el nacimiento del “salvador” y la profecía que lo acompañaría en vida. ¿En serio? ¿Hera? ¿Pero qué leyenda se leyeron los guionistas de esta película? Es ella justamente la peor enemiga del héroe, la causante de su locura, partícipe de los 12 trabajos y de todas las trampas que le siguen. ¿Por qué razón sería ella la que anunciaría su llegada? Incluso aunque no fueran adversarios ella es la reina de los dioses ¿no sería más lógico que esa tarea la hiciese otro? Alguien como Hermes quizás.


También hay que hablar de los compañeros de aventuras porque si algo le sobran a este personaje son aliados. Sin embargo en la primera cinta solo es mencionado Sotiris que no aparece en la mitología y cuya única función parece ser la de hacer que el actor de Espartaco siga siendo Espartaco, pero con otro nombre. Irónicamente el único verdadero acompañante, según la leyenda, que aparece en la película es Ificles, pero en vez de serlo te lo describen como el medio hermano envidioso y resentido que desea quedarse con el reino.


La segunda sí cuenta con un verdadero aliado del semidiós: Yolao, porque Autólico era un ladrón y Anfiarao, Tideo y Atalanta, solo coincidieron con él en su viaje como argonautas. Una experiencia que fue breve, pues al poco tiempo el héroe se quedó fuera del barco y siguieron sin él. Lo que hace preguntarse cómo es que entonces se encuentra nuevamente con ellos y en qué momento se hicieron tan buenos amigos.
Por último hay que hablar de las motivaciones del personaje. Sí, ya comenté que se enamoraban de una princesa y que iniciaban una rebelión, pero llegan a ese punto por caminos muy separados.


El personaje de Lutz siempre estuvo enamorado de Hebe (que en la mitología es una diosa, no una princesa) y esta, junto al deseo de su padre de poner de heredero a su hermano Ificles, es la causa de su destierro. En cambio el de Johnson ha pasado por muchas guerras y decepciones cuando conoce a Ergenia (licencia creativa) y son justamente ella y su hijo Arius los que convencen al protagonista que debe retomar el rumbo heroico.


Aunque en ambos casos el amor es lo que propicia la rebelión contra el tirano rey los personajes en este punto sí tienen una diferencia notable: Uno es un joven vigoroso que desea regresar a casa para estar con su amada, el otro lo único que quiere es redimirse.


Aunque la mitología cuenta que Hércules en diferentes etapas de su vida pasó por ambas motivaciones, incluso en más de una ocasión, hay que mencionar que él no conoció a Hebe en su juventud, ni siquiera fue su primera esposa (fue Megara), mucho menos tenía una rivalidad con su medio hermano y por tanto no lideró ninguna rebelión contra su padre adoptivo.


Tampoco formó parte de ningún grupo de mercenarios con habilidades especiales que parecieran Los Vengadores de la era antigua, de hecho la mayoría de sus aventuras las realizó solo o con uno o dos compañeros. Pero en este caso se le perdona porque forma parte de la “desmitificación” a la que hace alusión la trama.


El caso es que en este duelo de adaptaciones La Roca vence a Lutz y no solo porque físicamente de más con el personaje, sino porque la trama, los efectos y las actuaciones, en sentido general, conectaron mejor con la audiencia sin necesidad de ser destacables en ninguno de esos aspectos. Es disfrutable y entretenida, pero nada más.


Ninguna de las dos pasará a la historia del género y probablemente se olviden de ellas a la hora de mencionar las adaptaciones cinematográficas del personaje (y en el caso de recordarlas sería como lo que no se debe hacerse en el séptimo arte). Las versiones italianas de finales de los años 50 y 60 protagonizadas indistintamente por Steve Reeves y Reg Park seguirán siendo el modelo a seguir (o copiar, según sea el caso) en los años venideros. Una verdadera prueba de que el desarrollo de la tecnología no está relacionado directamente con un aumento en la calidad de las películas.

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