Deconstruyendo personajes. Sobre la representación de los personajes de Rick Riordan en las adaptaciones de Chris Columbus

Por Katheryn de Armas

Cuando Percy Jackson y el ladrón del Rayo se estrenó en el 2010 los fanáticos de la historia de Rick Riordan estaban emocionados por la adaptación de la pentalogía. Sin embargo, el resultado final dejó mucho que desear. Son varios los obvios errores cometidos en el proceso creativo, mas el caso de los personajes resalta entre todos.


Para Chris Columbus, director de la cinta en cuestión, trabajar con niños no es extraño (dirigió las dos primeras películas de Harry Potter) y, pese a todo, se tomó la decisión de avejentar a los protagonistas de la historia. Percy Jackson y Annabeth Chase pasan de tener 12 años a tener 16. Parece un detalle menor pero lo cierto es que afecta a la historia y el público al que está dirigido en más de una manera.


Tenemos la profecía, hilo central de los cinco libros que componen Percy Jackson y los dioses del Olimpo, que establece que al llegar un hijo de los tres grandes a los 16 tendría en sus manos la posibilidad de salvar o destruir al Olimpo y sus habitantes. Eso implica correr la edad límite de la profecía, afectando incluso en su idioma original (inglés) la métrica de la misma y la esencia poética de la profecía.


Aun así, podría ser un detalle fácilmente solucionable, pero los problemas y situaciones que viven unos niños de 12 años en un viaje por Norteamérica no son de ningún modo las experiencias que los mismos experimentan con 16 años. El romance, muy sutil en los primeros libros, es más palpable entre un Logan Lerman (Percy) de 18 años y una Alexandra Daddario (Annabeth) de 24. Eso no significa de ningún modo la existencia de una química entre los actores, sino que por el contrario, muchas veces luce forzada.

Fotograma de Percy Jackson y el ladrón del rayo


Lerman se apropió del papel desde el inicio, pero el guion no lo acompaño en todo momento. Su primera escena, original de la cinta, lo muestra en el fondo de una piscina, aguantando la respiración por un prolongado periodo de tiempo, levantando sospechas en el espectador, que, aun sin leer el libro, sabe que hay algo raro. Lo mismo ocurre con el momento de descubrimiento de su padre celestial, su pelea con Clarisse (personaje que no aparece en la primera entrega pero que es interpretada por Leven Rambin en la segunda) es eliminado, pues desde el inicio se sabe que es hijo de Poseidon. Pese a todo, las características centrales del personaje, tanto físicas como psicológicas se mantienen y fue tanta su aceptación que los fanáticos piden su selección como el nuevo Poseidon en la serie en la que Disney + está trabajando.


La edad de Daddario, demasiado mayor para el papel de una adolescente viviendo su primer romance levanta cejas, mas no es lo más criticable. La sustitución del cabello rubio de Annabeth levantó tantas protestas que para la segunda parte, Percy Jackson y el Mar de los Monstruos (2013) el personaje apareció teñida de rubio, sin que eso despertara ningún comentario entre sus compañeros campistas, casi como si siempre lo hubiese tenido de dicho color. Si bien su actuación no estuvo mal, la esencia del personaje se pierde en la pantalla, luciendo incluso petulante por momentos.

Fotograma de Percy Jackson y el ladrón del rayo


Brandon T. Jackson (Grover) toma la esencia del personaje en mayor o menor medida. Aunque este Grover es más valiente que el de los libros, demostrando mayor iniciativa y seguridad, en oposición a su versión literaria que vive culpándose por lo ocurrido con Thalia. ¿Lo que más se extraña? Su vena proteccionista del medio ambiente y su necesidad de comer cuando está nervioso o estresado. Esa inseguridad le da un carácter adorable, en oposición a la dureza que transmite Jackson en su actuación.


No se puede decir lo mismo de los dioses. Kevin McKidd interpreta a un Poseidon que, más que el Dios de los Mares, parece un asalariado deprimido. Las camisas hawaianas y actitudes desenfadas dan paso a un hombre vestido de modo sobrio, que se muestra muy en control, pese a representar una de las mayores y más tempestuosas fuerzas de la naturaleza. La apariencia pelirroja y paliducha del actor no encaja tampoco con una deidad bronceada y de surfista como la descrita en los libros.


El premio a la peor representación sin embargo, es para Hades (Steve Coogan) y Perséfone (Rosario Dawson). Una cosa es que Riordan en sus libros los haya plasmado como una pareja con ciertos problemas y otra muy distinta es el infierno de relación que se muestra en la pantalla. Un Hades rockero, completamente desinteresado de todo cuanto ocurre a su alrededor y una Perséfone violenta que realmente odia a su esposo son el cuadro con el que los chicos se topan en el Inframundo. Las posibilidades del respeto que, con el tiempo, Hades desarrolla hacia Percy y viceversa desaparecen en una breve escena. Supongo que debemos agradecer que el resto de los libros jamás hayan sido adaptados.

Fotograma de Percy Jackson y el ladrón del rayo


El problema realmente no recae en el elenco. Junto a los nombres de los jóvenes protagonistas se encuentran figuras reconocidas como Uma Thurman, quien se apropia de Medusa por completo y transmite su odio extremo hacia Percy y Annabeth al ser hijos de Poseidon y Atenea; o Sean Bean, que traslada a la pantalla toda la rabia de Zeus, provocando, en algunos espectadores, la misma sensación de malestar y desagrado del personaje de los libros.


Un personaje que me atrevo a decir fue extrañado es el director del campamento mestizo, el señor D, más conocido como Dionisio. Por alguna razón desconocida para esta autora, solo Quiron (Pierce Brosnan) está a cargo del campamento, sus habitantes y las actividades del mismo. La parte divina (aquí como parte de un castigo) no se encuentra presente y, pese a todo, en la cinta, los dioses parecen interactuar más con los semidioses. Esta ausencia fue corregida en la segunda cinta, pero ya el daño estaba hecho. La saga no sobreviviría para una tercera entrega, pese a que la segunda intentó corregir muchos de los errores cometidos en la primera.


Poco hay que decir de Quiron, que funciona no como mentor, sino como un simple conducto para asignar la misión al héroe. Las grandes charlas sobre mitología, o historia familiar quedan relegadas a un segundo plano frente a la necesidad de encontrar el rayo y/o el vellocino.


Luke Castellan (Jake Bale) destaca no en un buen sentido. Quizás peque de exigente, pero la ausencia de su característica cicatriz, detalle aparentemente menor, habla de un personaje que no vivió el mismo pasado y no carga la marca visible de su fracaso. Un golpe fuerte llega al adentrarse en la cabaña 11, donde Percy no hace estancia, como hijo reconocido de Poseidon, y ver un sistema de juegos. El problema, los semidioses son incapaces de utilizar la tecnología pues atrae a los monstruos. Dos lecturas surgen o los guionistas obviaron el detalle o, por el contrario están gritando a todo pulmón que Luke es el traidor y, por tanto no teme a los monstruos, que responden principalmente a Cronos y sus planes. Sin embargo, dentro de la ficción, no todos ellos responden a las órdenes del titán mayor. Su interacción con el protagonista es tan escasa que no hay modo de justificar la sensación de traición que este siente cuando se descubre su verdadera lealtad.

Imagen tomada de internet. Créditos al autor


Difícilmente los fanáticos se encuentran satisfechos con los resultados de la adaptación y uno de los puntos que más se critica son los personajes y sus actitudes. La trama tampoco es fiel al libro, dejando fuera momentos imprescindibles, que repercutió en la ausencia de algunos de los aliados y rivales de Percy, como los ya mencionados Clarisse y Dionisio o el dios Ares, quien le pone pruebas y trabas en sus aventuras posteriores, pero llevan a su crecimiento y evolución.


Parte de la esencia de los personajes y la historia son respetadas en las dos películas, con mayor fuerza en la segunda que en la primera, sin embargo, elementos clave son dejados fuera, como si su importancia en la trama fuera menor. Casi parece que los guionistas no leyeron más allá del libro que estaban adaptando y por momentos, ni eso.


En conclusión, no es una versión satisfactoria. Como película independiente y descontextualizada puede ser disfrutable, pero si leíste las historias, lo más probable es que hayas salido del cine con una sensación de insatisfacción.

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