Los 90’s y las series juveniles péplum

Por Katheryn de Armas

Los 90 son conocidos por sus series juveniles de corte fantástico. Aventuras que seguían las peripecias de su protagonista, en ocasiones en solitario y otras veces acompañado. Ese es el caso de Hércules: Viajes legendarios (1994), El joven Hércules (1998, que funcionó como precuela) y Xena, la princesa guerrera (1995), su spin-off/crossover.


De entrada, por su carácter aventurezco se establece una diferenciación radical con las series de los 2000. En lugar de estar centradas en las problemáticas del día a día, como las luchas escolares, con los padres, las parejas o más recientemente, el alcohol y las drogas; la fuerza recae en la representación del mito, de las grandes hazañas y la misión suprema. Los problemas mundanos ocupan un segundo plano frente a las grandes misiones que traerán consigo la gloria eterna y el renombre.


En cuestiones de mito, las adaptaciones son libres, pero la esencia heroica del personaje se mantiene. Poco importa, que Hércules (nombre romano de la figura) conviva con Zeus, Ares o Afrodita (versiones griegas de las deidades). El poderío y fortaleza son la misma y, a la larga, Hércules como nombre es más conocido que Heracles en los imaginarios populares.


Sam Raimi estuvo a cargo de la serie (Hércules: los viajes legendarios, 1995) que iniciaría un universo que traspasaría los límites de la televisión, llegando a los cómics, los videojuegos y a tener un lugar central en los foros de debate de internet. Kevin Sorbo encarnó al héroe en las seis temporadas de la serie, y en las cinco películas para televisión que le antecedieron.


Sus aventuras, cargadas de trepidantes peleas y escenas con una fuerza dramática se volvieron una de las favoritas del público y los jóvenes de los 90. La química en pantalla entre él y Michael Hurst (Yolao) aportó un dúo dinámico en la serie, fórmula que por su popularidad replicarían en Xena, la princesa guerrera con Lucy Lawless (Xena) y Renée O´Connor (Gabrielle) como protagonistas.


Con su visión propia y libre, los principales enemigos y luchas del personaje hacen acto de aparición en la serie. Por supuesto, la relación romántica entre Hércules y Yolao no es tratada de ningún modo, pero resulta intrascendente al centrarse más en la acción que en los muy variados romances del semidiós, aunque estos no desaparecieron.


En 1995 llegaría Xena, la princesa guerrera, que sigue las aventuras del personaje, presentado por primera vez en Los viajes legendarios. El boom fue tal que a mediados del siglo XXI se barajó la posibilidad de un remake de la misma, aunque el proyecto fue cancelado poco después.


Xena y Gabrielle, como Hércules y Yolao recorren el mundo cumpliendo misiones épicas y cargadas de una compatibilidad tal, que las teorías estaban a la orden del día.


En 1998 llegaría a la pantalla El joven Hércules, con Ryan Goslin tomando el manto del héroe, en sus vivencias de la juventud. La serie seguiría la misma pauta marcada por sus antecesoras, sin grandes aportes y sin permanecer durante un largo tiempo en pantalla.


Otro elemento reiterativo son las libertades creativas que los guionistas se tomaron, no solo con los mitos, sino también con eventos y figuras históricas. Sin embargo, considerando que los personajes llegan a viajar en el tiempo, estos errores resultan menores y perdonables en función de las tramas. Los anacronismos no están solo asociados a la trama, sino que los vestuarios también sufren del mismo mal.


Tanto los Viajes legendarios como Xena… siguen líneas similares: luchas contra monstruos, criaturas y villanos y presencia de dioses con sus interacciones/interferencias. La fórmula demostró ser un éxito y, la televisión como todo negocio, debe ser lucrativa ante todo y artística en un segundo nivel.


Por tanto responden al mainstream del momento, a lo que es popular. La épica nunca desaparece de la pantalla, no importa de qué época se trate, es una apuesta segura. Los jóvenes, y no tan jóvenes, la consumen como si su vida dependiera de ellos. Las feministas no pueden ofenderse, Xena es tan poderosa como Hércules; Yolao y Gabrielle representan en igual medida personajes de apoyo.


Los efectos para la fecha de su realización están bastante bien logrados. Solo los más acérrimos amantes de la mitología podrían quejarse de la poca fidelidad, pero es que, no está pensada para un público académico, que espera productos profundos, está pensada como una obra familiar, asequible desde cualquier nivel de conocimiento y el saber de mitología termina convirtiéndose en un lastre que dificulta su disfrute en lugar de una ventaja.


Actualmente son consideradas de culto y de material indispensable para entender una época que estaba sentando las bases de la explosión televisiva de la posmodernidad. La mercadotecnia que generó es hoy en día, material de coleccionistas. Hércules es indudablemente, un fetiche de los realizadores, pero es que son tantos los mitos existentes sobre él, que las historias pueden ser infinitas. Las series podrán no ser la séptima maravilla televisiva, pero proponían un material de calidad para el público, que podía aislarse de la realidad y trasladarse a mundos fantasiosos, donde los mayores enemigos eran criaturas o deidades que no existen en la realidad.

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