La idiotez como escapatoria. Idioterne de Lars von Trier

Por Katheryn de Arma

Siendo una de las películas que inauguran el movimiento Dogma 95, Los Idiotas (Idioterne en su idioma original) se presenta como un interesante material para analizar el peculiar modo de creación que los miembros del movimiento seguían, lo cual dio lugar a producciones con interesantísimos resultados y variadas renovaciones estilísticas, visual y conceptualmente hablando.

Dirigida en el año 1998 por el danés Lars von Trier, Los idiotas muestra a un variopinto grupo de personajes que pretenden ser retrasados mentales o simplemente idiotas, en un intento de liberarse de las trabas que la sociedad impone, casi como si se dejara que el ello del que Freud teorizó se hiciera con el control rompiendo con las reglas que el superyó plantea. ¿Aun así, en que medida se destruye todo, cuando hay un límite contra el que los personajes no están dispuestos a ir? El no mostrar esta faceta suya en sus hogares o trabajos, con la excepción de Karen, quien no parece tener nada que perder, habla bastante acerca de cómo la sociedad y sus normas siguen signando sus vidas, y de que a pesar de su aparente odio contra estas hay ciertas cosas que simplemente no están dispuestos a realizar.

Los creadores de Dogma 95 se centraban sobre todo en el desarrollo de la historia y la interpretación por parte de los actores. Uno de los elementos más peculiares que esto trae consigo es la necesidad de improvisación que se les exige a los actores mientras trabajos. Esta película es una de las que cuenta con más trabajo de improvisación por la naturaleza de los personajes y la ausencia de un guion previo en toda regla. Esto explota las habilidades de los actores de meterse dentro de los papeles y hacerlos verdaderamente suyos, permitiendo mostrar mayor naturalidad y haciendo los personajes más creíbles, elemento indispensable en una producción de este tipo.

No solamente eso, sino que los actores parecen representar un doble papel, o más bien un papel dentro de otro papel, casi como si de una caja china se tratase. Son los personajes que interpretan, pero a la vez son los idiotas que sus personajes pretenden ser en su intento liberador. Se fuerza entonces al actor a demostrar una habilidad inigualable, pues cualquier error elimina la credibilidad que cada espectador espera encontrar al ver cualquier material audiovisual.

La idea de credibilidad resulta entonces reforzada por la naturalidad de la imagen, carente de agregados extras, que parece grabada incluso al descuido. La cámara en mano, que no se mantiene firme, los momentos en que los micrófonos e incluso el camarógrafo se ven, recuerda a los documentales. Las entrevistas a los personajes sobre sus experiencias mientras pertenecieron al grupo no hacen sino acrecentar esta idea. Los cortes de cámara abruptos en ocasiones y las inconexiones entre el final de una escena y el inicio de la siguiente a pesar de ser filmadas en la misma locación responden a uno de los presupuestos del movimiento conocido como “Voto de Castidad”.[1] Estos afectan también el sonido de la obra, en la que se captan muchas veces el sonido ambiente y es prácticamente nulo el uso de música extradiegética con una pequeña excepción al inicio de la misma.

 A pesar de poder tomarse como desinterés por parte de su realizador, la obra supone una crítica y una lucha contra el sistema de producción de las grandes compañías cinematográficas, lo que establece una semejanza con la trama de la película, en la que sus personajes van contra las normas de la sociedad del mismo modo en que su director rompe con lo normado.

Los constantes desenfoques de la cámara, resultado probablemente de la filmación en mano podrían tomarse como una metáfora del estado mental de los personajes, como si fueran los momentos de locuras que estos sufren a lo largo de la cinta, y se presentan en momentos y situaciones diversas.

Por estos motivos uno de los elementos más interesantes para el análisis es la construcción de personajes y su papel y evolución en la historia. Lo que en un primer momento parecen ser un grupo de amigos divirtiéndose termina mostrando un hervidero de rencores y problemas más profundos de lo que parecen a simple vista. Si en algún momento incumplen o no obtienen resultados satisfactorios en sus juegos Stoffer, el aparente creador del mismo explota atacando a todos en el proceso. Usualmente en su punto de mira se encuentra Jeppe, quien según él, no realiza el papel de tonto lo suficientemente bien, pero terminará descargando su rabia en la mayor parte de sus compañeros al negarse estos a interpretar sus roles frente a sus familias.  Su personaje presenta una inmensa complejidad marcada por sus abruptos cambios de humor, sus arrebatos de locura que lo llevan a un límite que transmite la sensación de que en realidad, el si presenta algún tipo de problema mental o cuando mínimo algún desorden de personalidad. ¿En qué medida puede estar actuando una persona a la que hay que atar como si realmente estuviera loco, sobre todo cuando se supone que es para ir en contra de la sociedad y solo ellos, partes todos del mismo juego, estaban presentes en eso momento? Presenta un odio bastante intenso con todo lo relacionado con la burguesía, a la que culpa de la infelicidad del mundo lo que lo lleva a idear el sinsentido en que se convierte no solo su vida, sino también la de sus amigos e incluso la de Karen, a la que arrastró a sus locuras en su momento de mayor necesidad.

Karen se presenta en un primer momento casi como un pajarito perdido, incluso tras ser arrastrada por Stoffer a la casa en la que todos residen y le cuesta un tiempo acostumbrase a la idea de lo que hacen, pero llegado cierto punto se vuelve no solo uno más del grupo, sino la única persona que actúa como idiota frente a su familia. Los idiotas se presentan como un apoyo en el momento en que más ella lo necesitaba y le dan una oportunidad de liberarse no solo de lo que la ata, sino también un modo de lidiar con la muerte de su hijo. La tristeza que la rodea le aporta un aura de desamparo y abandono, lo que denota también una baja autoestima y problemas de confianza. No es de extrañar entonces que, tras empezar a formar parte del grupo termine haciendo todo lo que se espera de ella sencillamente para sentirse parte de algo en donde es aceptada. Sin embargo, no es ella quien es aceptada, es la imagen de ella que puede mostrase como idiota y, que al contrario del resto no quiere o no tiene el valor de enfrentarse a Stoffer. La música que acompaña su primera aparición además de ser el único elemento extradiegética de la película se encuentra muy a tono con los que son sus verdaderos sentimientos y emociones, dando no solo la idea de tristeza, sino también abandono, vacío y desasosiego.

Jeppe se muestra casi como el niño del grupo, el pequeño, el que debería ser protegido, es, también, el principal receptor de los ataques de rabia de Stoffer, quien considera que su desempeño como idiota no es lo suficientemente bueno. Constantemente lo provoca o lo intenta llevar a un límite, dejándolo abandonado con un grupo de probablemente peligrosos hombres tatuados que malinterpretan sus nervios con deseos de ir al baño, algo que es incapaz de hacer por su cuenta al encontrarse asustado. Por momentos da la idea de ser un cachorro perdido que necesita constante atención y cuidados, aun cuando no está interpretando su papel. Parece tener sentimientos especiales por Josephine, perdiendo el control y llegando a desarrollar un comportamiento casi destructivo cuando el padre de esta llega y se la lleva. El joven se lanza frente al coche deteniendo su movimiento y comportándose como un ser irracional o como un verdadero retrasado mental. Es quizás en este momento la única ocasión en la que está a la altura de lo que Stoffer espera no solo de él, sino de cada uno de los miembros del grupo.

Es precisamente la salida de Josephine del grupo lo que precipita la situación que provoca su desintegración. El que su padre se la lleve, en parte en contra de su voluntad, provoca una serie de cambios que llevan a Stoffer al límite, situación de la que ya se encontraba cerca. Decide forzar entonces a sus compañeros a actuar como idiotas frente aquellos a los que quieren y los respetan. Axel es incapaz de hacerlo por temor a perder a su esposa e hijo, Henrik quiere conservar su trabajo; solo Karen es capaz de hacerlo, más que nada porque realidad no tiene ninguna cosa que perder, la muerte de su bebe y su ausencia a su funeral le arrebató todo lo que en algún momento le importó. Es así que los personajes van dejando de a poco el lugar en el que, en algún momento, se sintieron parte de algo. Van dejando de lado el hacer el idiota como si ya no lo necesitaran o como si las razones que en un primer momento los impulsaron ya no importaran.

La descomposición podría tenerse entonces como el final de una resistencia a las normativas sociales, como si estas simplemente las hubieran absorbido, convirtiéndoles en parte de la misma y aceptándoles siempre que controlen estos comportamientos. Que el padre de Josephine se la lleve pues no está tomando los medicamentos que evitan sus ataques de locura, puede tomarse como la aparición de la realidad controladora y reguladora que establece nuevamente un estado de equilibrio provocando para ello la desaparición de un orden que ya no tiene valor real. Resulta a su vez paradójico que Josephine haga el tonto cuando ella en realidad tiene problemas, burlándose no solo de otros sino de ella misma en el proceso. Esto puede tenerse como un buen modo de hacer frente a sus propios problemas y limitaciones o como una actitud hipócrita pues se burla para evitar admitir que presenta estas dificultades.

Cada uno de los personajes tiene un papel dentro del grupo pasando por diversos estado anímicos y jugando muchas veces roles fijos como Susanne quien suele ser la cuidadora de manera general o Katrine, quien suele ser algo alborotadora alrededor de Axel. Sus complejas personalidades presentan un abanico de opciones de interpretación y análisis que enriquecen el desarrollo de la trama y la pluralidad de lecturas que el material permite.


[1] Principios básicos de Dogma 95: rodaje en exteriores sin agregar elementos a la escenografía, toma directa del sonido, uso de la cámara en mano, ausencia de trucajes, la negación de la elipsis espacio-temporal, la utilización de luz natural, la ausencia de filtros, entre otra serie de normativas a seguir que incluyen la ausencia del nombre del director de los créditos de la película. En “Los idiotas” específicamente el trabajo de edición se realizó al momento de la filmación y no con posterioridad.

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