En el que Miyazaki adapta un libro.

Por: Katheryn de Armas

Realmente lo disfruté, la animación es una obra de arte y me divertí tanto como cuando escribí el libro. Esto ciertamente no es mi trabajo, pero hasta la mitad es una película que realmente se mete dentro de mi libro, y rinde homenaje a la mejor manera. Ciertamente ya en la segunda mitad de la película, Miyazaki se aparta notablemente de la historia que había escrito, pero conservando su esencia

Diana Wynne Jones

Una joven maldita, un hermoso hechicero, una bruja celosa y una estrella fugaz/demonio; los ingredientes perfectos para un romance de fantasía, pero Hayao Miyazaki necesita más que eso para contar una historia.

La esencia de la historia original de El castillo ambulante se reduce a la búsqueda de Howl y Sophie para romper sus hechizos, mientras en el proceso encuentran el amor. En la cinta, las maldiciones se mantienen pero el peso de la trama se traslada de la evolución de la relación entre ambos hacia la guerra y sus consecuencias.

Gran Bretaña, como Japón, atravesó la Segunda Guerra Mundial, aunque la primera no conoció de primera mano las terribles consecuencias del holocausto nuclear. Esto llevo a ambos creadores a tomar caminos diferentes. Wynne Jones se refugia en un mundo de fantasía, donde Inglaterra y la tecnología son parte del pasado y la guerra se muestra lejana, como si no afectara a sus personajes del todo.

Miyazaki por su parte, torturado por los fantasmas que aún permanecen en las mentes niponas, centra a sus protagonizas dentro del conflicto bélico. Fuerza a Howl a elegir entre detener la guerra o conservarse humano y mantenerse con Sophie.  El director convierte la tecnología en arcaicos ideales. Se nutre del steampunk y lo traslada también al vestuario, logrando de ese modo, preservar parte de la esencia descrita por la autora.

El castillo era todavía más feo visto de cerca. Era demasiado alto para su base y no tenía una forma muy regular (…) estaba construido con grandes bloques que parecían de carbón y, como el carbón, todos los bloques tenían distintas formas y tamaños (descripción del libro)

De este modo los mensajes que han marcado la cinematografía miyazakiana se mantienen presentes a la vez que respetan los elementos básicos de la novela. Poco importa que algunos personajes desaparezcan o se fundan en uno solo. Sophie sigue siendo alguien que, tras perder su juventud, abandona el miedo. Es un personaje que evoluciona y, a la manera del director, salva al héroe de su destino condenado. Donde Jones no le da a la Bruja del Páramo una oportunidad de reivindicarse, pues su demonio la ha poseído ya por completo, Miyazaki hace que la Bruja Calamidad ayude a Howl y se vuelva otro peculiar integrante del castillo.

Es que la intención de Miyazaki no es hacer una adaptación literal del libro, sino que busca apropiarse de los elementos de este que le permiten mantener su estilo como realizador.  Dos personajes más o menos no marcan la diferencia, la historia que construye no necesita de las dos hermanas de Sophie (Lottie y Martha) porque Howl abandona su papel de eterno Casanova. La guerra no da tiempo para pensar en nada más. Incluso cuando parece distante en un primer momento. Suliman (mezcla en el filme entre el mago real y la maestra de Howl) es más útil forzando a Howl hacia la guerra que como alguien desaparecido o muerto (suerte de cada personaje dentro del libro).

Miyazaki tiene una cosa clara y ese es el mensaje que desea transmitir. Sus elementos fetiches se reiteran, los aviones aparecen como curiosos artilugios, usados como métodos de transporte y como armamento militar. Para el director, la guerra tiene consecuencias macabras. La naturaleza es destruida, la vida humana acaba. La guerra marca una involución y la destrucción total de los modos de vida. Los bellos paisajes coloridos por los que transitaba el castillo se transforman para el final de la cinta en bosques de llamas, que se consumen cada vez un poco más, mientras los personajes intentan sobrevivir. Pero en la guerra, la supervivencia nunca está asegurada.

Pero como un toque redentor es necesario, del mismo modo que lo hace en el libro, Sophie descubre la conexión entre Howl y Calcifer (el demonio de fuego) y logra romper la maldición, salvando al mago en el proceso. El amor supo sobreponerse y alzarse victorioso frente a una guerra de la que se desconoce su causa, como suele pasar. Y es que este es un punto importante que diferencia a Miyazaki de su colega Isao Takahata.

Miyazaki busca la redención y la esperanza. Sus tramas e historias pueden ser tristes y estar cargadas de nostalgia, pero el final feliz está asegurado. Al igual que la madre de las pequeñas Mei y Satsuki se sobrepone a su enfermedad en Mi vecino Totoro o Ashitaka y San logran salvar al gran espíritu del bosque en La princesa Mononoke, los protagonistas de El castillo Ambulante inician una nueva vida, con la guerra como un recuerdo olvidado y sin maldiciones de por medio. Tal vez esa sea su grandeza. La veracidad que transmite a sus historias, aun cuando hay presencia de elementos fantasiosos. Esa veracidad que nos hace creer que, mientras el castillo se aleja moviéndose por la pradera, Sophie y Howl dejaron atrás sus maldiciones y la guerra y podrán ser eternamente felices.

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