El maravilloso mundo del Viaje de Chihiro.

El folclore y la mitología japonesa en las películas del Studio Ghibli.

Por Gretchen García

Chihiro es una niña cualquiera, caprichosa, mimada y testaruda. Se percibe su desencanto, acostada en el asiento trasero del auto, abrazando un ramo de flores como si fuera su refugio emocional. Sus padres intentan motivarla con el lugar, pero saben que la testaruda niña está encaprichada en no aceptar el cambio.

Aparece el cartel de la película, con una peculiaridad: dos nombres diferentes comparten un mismo Kanji. Lo que para nuestro español sería palabras homógrafas pero la traducción se pierde. Donde el mundo lo conoce como El viaje de Chihiro/Spirited Away; su transcripción textual es La desaparición espiritual de Sen y Chihiro. Sen (千) es mil; pero acompañado de 尋 pasa a ser Chihiro (千尋). Por supuesto el verdadero significado de este detalle lingüístico no cobra significado hasta mucho mas adelante.

El cartel se disuelve e inmediatamente aparece el primer detalle simbólico religioso: un Torii recostado a un frondoso árbol. Su estructura consiste en un arco dos travesaños paralelos y curvilíneos, frecuentemente en tonalidades rojas o bermellones. Los torii son símbolo por excelencia del sintoísmo ya que marca la frontera entre el espacio profano y el sagrado. Por tanto, su presencia en esta secuencia es una advertencia del inicio de un viaje hacia un mundo espiritual, fantástico y transitorio.

Chihiro se percata en el camino de casas en miniaturas justo en los alrededores del torii. Un elemento que marca el sentido del respeto hacia el sintoísmo y el mundo espiritual de los japones. Dichas esculturas son llamadas ishi no hokora son templos dedicados a deidares menores y colocados en los caminos. Sin embargo, Chihiro, muestra total ignorancia y desconocimiento hacia esas costumbres religiosas.

Transcurre el camino y se vuelve cada vez más inhóspito. Su padre decide tomar un atajo para ahorrar tiempo, el coche cobra velocidad y también lo hace la música, marcando puntos concretos de sincronización perfecta con la imagen hasta que un repentino frenazo en seco detiene a ambos.

Una misteriosa estatua de figura antropomorfa con dos rostros sonriente se convierte en el obstáculo para el auto. Chihiro ya se había percatado de otra en el camino. Dichas figuras guardan similitud con personajes que aparecerán más adelante. Tras la escultura hay un enorme edificio rojo de arquitectura tradicional con aspecto abandonado.

En él hay un extraño túnel en el centro. Sus padres deciden explorarlo. Chihiro se niega, pero no quiere quedarse sola y decide seguirlos. La familia se adentra y llegan a un espacio similar a una estación. La misma trasmite una imagen de abando que juega con el silencio y poco entra una tímida orquestación. Como es, típico en Miyazaki, el aire cobra un sentido simbólico marcando la presencia de algo que no vemos, pero que está ahí, casi como si de otro personaje se tratase.

Al otro lado del túnel descubren un pueblo aparentemente abandonado; según el padre un parque temático de los 90’s. A medida que recorren el lugar con la finalidad de encontrar a alguien, negocios y restaurantes con comida recién servida. Llaman al personal, pero nadie aparece. Ansiosos deciden tomar los alimentos sin permiso alguno. Chihiro se niega a ser participe y advierten que pueden despertar la ira de los dueños. Sus padres hacen caso omiso a su advertencia y devoran con mas avidez la comida.

Chihiro recorre el pueblo; es hermoso muy inspirado en un estilo arquitectónico de la era Meiji, misma que se caracterizó por su influencia pseudo-occidental y la mezcla de lo tradicional con moderno. Particularidad que se aprecia en los carteles de negocios que alternan entre la escritura japonesa y el alfabeto latino. Sin embargo, destaca dos muy significativos, 鬼 (oni, demonio, espíritu maligno) y 呪 (jiyu, maleficio), adviertiendo de la naturaleza mágica del lugar. Esta idea se ve reforzada con los diferentes productos que anuncian los puestos: perros (犬, inu), insectos (虫, mushi), labios (唇, kuchibiru), huesos (骨, hone) o cabezas (頭, atama). Todo ello dota el lugar de una extraña e inquietante atmósfera casi como si de película de terror se tratase.

Cuando llega a un puente el sonido de motor despierta su curiosidad y ve un rio seco donde pasa un tren. Ahí se encuentra con el primer personaje del mundo. Un misterioso joven que le ordena que se marche de allí antes de que sea de noche.  Chihiro corre en busca de sus padres. Pero a medida que va oscureciendo la ciudad poco a poco va cobrando vida, los faros se encienden y aparecen de la nada una gran variedad de espíritus.  Las almas negras son más frecuentes. Para Miyazaki son seres incorpóreos que simbolizan el alma humana sin rumbo y sin cuerpo.

Chihiro encuentra a sus padres y descubre que estos se han convertido en dos enormes cerdos. Una escena sumamente impactante. Atrás quedó cualquier atisbo de humanidad. Los referentes son obvios; el cerdo es la representación del pecado de la gula y sus padres actuaron con instintos animales y un comportamiento degradante. Chihiro se niega a creer que son sus padres y sigue gritando en su búsqueda. Huye, pero no puede. El río tiene agua y no puede atravesarlo.

Llega un barco y la pequeña comienza a desaparecer. Este tipo de analogía es sumamente reiterada, su inspiración parte en la mitología griega de Caronte el barquero que ayudaba a las almas atravesar el río Aqueron.

El barco trasporta las almas del mundo terrenal al espiritual.  Pero Chihiro no es un espíritu, no pertenece a ese lugar; por ello su existencia se está borrando. Del barco bajan fantasmas con una extraña mascara que aparentemente es de papel. Estas deidades llevan por nombre Kasuga-sama y a medida que salen del barco adquieren una forma más corpórea denotándose los atuendos representativos de la bugaku (danza con música). En general llevan un kanmuri, un tipo de tocado con el que se cubre la cabeza, el shaku y la máscara de papel pintada con rasgos faciales muy estilizados (zômen) es su elemento decorativo distintivo ya que sirve para negar la identidad de quien la lleva.   

El joven misterioso aparece a rescatarla. Afirma llamarse Haku y le explica que debe comer una baya para no desaparecer. Una vez mas vuelven la referencia, específicamente al mito de Hades y Perséfone, quien es engañada por el dios del Inframundo a comer un fruto del infierno para volver una y otra vez al Hades.

Chihiro se convierte en una nueva entidad en medio de un lugar que desconoce. Pero no basta con ello. Debe saber incorporarse y para ello tiene que encontrar trabajo de lo contrario se convierte en cerdo. Representando el cerdo un segundo pecado capital: La pereza.  

Haku la lleva al Sentou o Baños Termales; en el camino nos percatamos de un personaje que se volvería icono no solo de la película sino también de estudio: Sin Cara o Kaonashi. Pero también vemos otros como el Ushioni y el namahage, por solo mencionar algunas, ya que el espacio complejo es un mundo de divinidades, algunas inspiradas en la tradición japonesa y otras nacidas de la imaginación de Miyazaki y su equipo.  De esta forma estamos ante un inquietante escenario similar a Alicia en el País de las Maravillas. Un mundo ilusorio y surrealista pero también intimidante y por supuesto mostrando apenas la punta de iceberg para, después, mostrar el lado más tenebroso y oscuro.

Llegando al lugar orientado, Chihiro se topa con unas pequeñas criaturas de aspecto peludo y negras, sacadas del imaginario de Miyazaki, quien las bautiza como Susuwataris (traducido literalmente como hollín ambulante) y cuya presencia tambi{en la encontramos en Mi vecino Totoro. Con ellos Miyazaki nos recuerda una de las premisas del shinto: todo lo sagrado reside en todos los elementos de la naturaleza, pequeños, grandes, hermosos o feos. Miyazaki logra crear unas criaturas de un elemento tan sucio y convertirlo en algo apacible y kawaii, como dirían en japones. Además, poseen emociones humanas y defecto, como no responsabilizarse por los fracasos de otros y hacer que otros asuman sus labores mediante la manipulación. Ellos se alimentan de unos caramelos japoneses coloridos que se llaman kompeitô, por lo que su presencia recae en una representación simbólica de la infancia, lo que se enfatiza con su relación con Chihiro, a quien tratan como a una más, la respetan y le hacen favores.

Kamaji le dice a Chihiro que tiene todo el personal que necesita porque hay hollín por doquier. Una traducción que se pierde tanto en el inglés como el español. No obstante gracias a Kamaji, encargado de las calderas de los baños conoce a Lin, quien la ayuda a llegar a Yubaba, la bruja y dueña del negocio. La bruja deviene en un mito donde es juez y verdugo de quienes pecan en defectos humanos, como los ya mencionados gula y pereza.

Un espíritu inventado por Miyazaki, Oshira-sama acompaña a Chihiro hasta las oficinas de Yubaba. Vemos en el camino que los huéspedes siguen las costumbres niponas llevan zori (sandalias) yukata y otros elementos. El ascensor sube y llegan a una planta donde destaca el cartel 浄土 cuya lectura es jôdo, traducción literal: Tierra Pura. Se trata de un paraíso donde se encuentra la escuela del budismo Mahâyâna, por lo que hace referencia a uno de los elementos mas importantes de la rama del budismo entremezclándola en las tradiciones sintoístas como suceden en la cotidianidad nipona.

La casa de baños tiene un carácter sagrado – para los japoneses la suciedad es un tabú- y representa el mundo de los dioses, mientras que la zona de restaurantes simboliza el mundo de los espíritus, donde las almas descansan y vagan. Las mujeres asemejan a las mikos o sacerdotisas sintoístas con su un kimono blanco, y una falda-pantalón roja llamada hakama y el tate-eboshi, un gorro largo negro que llevaban las bailarinas que ejecutaban danzas tradicionales en honor a los dioses. Los hombres son de estaturas bajas, con un pequeño bigote y aspecto antropomorfo casi de anfibio.

El jardín de los baños destaca por la presencia de árboles de cerezos, más conocidos como sakura. Una especie botánica considerado sagrada, florece una vez al año y simboliza la resurrección. Destaca la presencia de los fusumas, mas conocidos como biombos. Decorados con pinturas con temáticas de acontecimientos históricos religiosos. Su estilo es clara influencia del ukiyo-e La exquisitez en los detalles, apreciado en la película lo convierten en una obra de arte en sí, muestra de la genialidad artística de Miyazaki.

Una habitación excesivamente decorada, suntuosa y elegante, una voz que le ordena entrar y una mano llena de anillos ostentosos con enormes diamantes son las pistas para indicarnos que Yubaba, pese a que odia a los humanos, peca en avaricia. La mezcla de lo occidental y oriental es palpable casi recordándonos las decoraciones del siglo XIX.  De la nada aparecen tres cabezas inspiradas en los muñecos daruma, figuras votivas sin brazos ni piernas y representan a Bodhidharma, el fundador y primer patriarca del Zen.

Yubaba es una anciana caricaturesca con una enorme cabeza y pronunciada nariz. Su inspiración deviene en una criatura legendaria del folclore japonés que lleva el nombre de tengu, igualmente con la capacidad de transformarse en cuervo. Pero también tiene una base literaria en la saga Terramar de Ursula K. Le Guin, ya su poder y control reside el robo de nombres para someterlos eternamente al mundo de los espíritus. Es así como omite uno de los kanjis en el nombre de Chihiro, cambiando así por completo su nombre y quitándole su identidad.

De esta forma Chihiro inicia una travesía donde debe resistir y realizar las labores más degradantes sin olvidar su nombre para poder irse y liberar a sus padres del hechizo que los mantiene en forma de cerdos. Aprende bajo la tutela de Lin y se inserta en una jornada laboral.

Su primer gran desafío es atender a un espíritu apestoso o-Kusare , producto de la contaminación del hombre. Los trabajadores intentan convencer de que no entren y en el suelo vemos objetos sintoístas purificadores: Sal y Sake. Pero el dios o kami sigue dejando a su paso mugre y un insoportable hedor. Chihiro se percata de que O-kusare-sama tiene una espina clavada. Al quitársela, el maloliente huésped expulsa toda clase de objetos y deshechos, revelando la figura de Kawa no omo o Dios del Río. Un espíritu de cuerpo de Dragon y máscara okina del Teatro No, que asemeja a un rostro anciano arrugado, cejas canosas y boca desdentada.

Esta escena está inspirada en una leyenda budista, en la que una emperatriz, como acto de caridad, lavó a un mendigo quien como resultado se reveló como el Buda. Miyazaki deja un mensaje explícito: los humanos son los responsables de la contaminación, por tanto, deben ser quienes se encarguen de limpiar y purificar la naturaleza. Asimismo, el film se abre con la postura que toda buena acción es recompensada; de ahí que el dios regala a Chihiro una bola de barro (dorodango) con la cual puede salvar a sus padres.

Al día siguiente Kaonashi/Sin Cara ha devorado ya a gran parte del personal y devora grandes cantidades de comida.  Su inocente apariencia escondía un abominable monstruo. Sin Cara se convierte en el huésped VIP e incluso los empleados cantan y bailan para su satisfacción. Tocando instrumentos como el shamisen y el dôbyôshi, ambos de tradición nipona. El primero de cuerdas asociado a las geishas y el segundo de percusión, empleado en las ceremonias budistas y el kabuki. Pero Sin-Cara es un reflejo de lo que lo rodea. Aprende, absorbe y toma los rasgos de quien engulle. Pero también mientras más devora más insaciable, grande y descontrolado se vuelve.

Finalmente es salvado por Chihiro y expulsa a todos los que devoró volviendo a su personalidad tímida. Miyazaki diseña este personaje con este propósito, exponiendo que nadie nace siendo bueno o malo, sino que somos producto de la sociedad y quienes nos rodea. Al mismo tiempo oculta su verdadera personalidad bajo una máscara blanca poco expresiva exponiéndose como un ser invisible y solitario.

Chihiro encuentra un dragón herido siendo atacado por origamis; estos llevan el nombre de shikigami, unos espíritus invocados por un hechicero, también conocido como onmyoji. Chihiro va hasta los aposentos de Yubaba, donde conoce al gigantesco bebé de la bruja, que lleva el nombre de Bô. Su aspecto nos recuerda un monje budista. Miyazaki quería representar era a un ser incapaz de valerse por sí mismo, que solo podrá madurar y explotar todo su potencial cuando deje todas las comodidades y las personas que lo están sobreprotegiendo.

Haku es, en realidad, un mizuchi, un dragón de agua. Para representarlo, Miyazaki recurre a la imagen de un apuesto muchacho puesto que se trata de un río joven, en contraposición al río viejo que la protagonista limpia.

Una vez más, Chihiro actúa como mediadora entre el hombre y la Naturaleza, mediante el respeto y la salvación. Chihiro muestra el máximo acto de abnegación puesto que sacrifica lo único que le permitía recuperar a sus padres a cambio de salvar a Sin-Cara y Haku.

Desintoxicado el espíritu, Cihiro roba el sello (hanko) un objeto que en Japon  se utiliza a modo de firma en Japón. Emprende un viaje en el tren junto a sin cara y otros personajes al encuentro de la gemela de Yubaba, Zeneiba. Es aquí donde entra una de las escenas icónicas y mas hermosas de la película. Una secuencia minimalista, acompañada de una pieza musical se pone en función de representar el sentimiento de nostalgia y tristeza implícito en el filme. Las almas se bajan poco a poco y Chihiro observa las solitarias casas.  

Ya de regreso enfrenta su ultima prueba. Debe reconocer a sus padres en un grupo de cerdos. Chihiro no se deja engañar y deja claro que sus padres no están ahí. Supera el desafío y Zeneiba la deja ir. Junto a Haku va al encuentro de sus padre y este le orienta que no mire para atrás. Tal y como sucediera con el mito de Orfeo.

El viaje de Chihiro, reclama sensibilidad ante lo efímero al llamado mono no aware (Literalmente el patetismo de las cosas), un concepto que se traduce en la empatía o la sensibilidad hacia lo que nos rodea. Por tanto, es la capacidad de sentir compasión, de ir más allá de lo superficial y adentrarse a lo profundo y lo espiritual.

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