El efecto Nausicaä o la fundación filosófica de Ghibli

Por Senén Alonso Alum

Ambos tenían la experiencia, los galones suficientes para la confección de un proyecto propio, sumario de sus apetencias imaginativas. Isao Takahata (1935 – 2018), seducido por los conflictos que el entorno (inmediato, opresivo) impone a sus transeúntes, dirigió con maestría las ficciones televisivas Heidi (1974) y Marco (1976), memorables en el ámbito hispano. Hayao Miyazaki (1941 – act.), amparado por una suerte de sortilegio espiritual, fomento para la utopía, tuteló el largometraje El castillo de Cagliostro (1979), acaso la más célebre aventura de Lupin III. Años más tarde, la dupla coincidiría (¿maridaje de pasiones? ¿intereses compartidos?) en la realización de Nausicaä del Valle del Viento (1984)[i], engranaje fundacional para el establecimiento de Studio Ghibli.

   Ambientado en un futuro post-apocalíptico, distopía de manual, el filme acompaña las peripecias de su protagonista homónima, princesa de un pequeño reino cercado entre dos potencias guerreras. El entusiasmo bélico de la humanidad (catalizador para un conflicto atómico bautizado como los “Siete días de fuego”) favoreció el exterminio, comprometió la sobrevivencia de la especie-todas las especies. Mil años después, sobre un mundo abarrotado de esporas tóxicas e insectos mutantes[ii], los gobiernos de Tormekia y Pejite se disputan la posesión de un “Dios de la guerra”[iii], bestia causante del cataclismo, la casi-extinción.

   A pesar de su alusivo argumento, su imaginario visual, el mérito mayor de la pieza orbita sobre su cualidad integradora, breviario estético-temático para Ghibli. Desde la repercusión nociva de la sociedad, obstinada en condenar a sus víctimas por crímenes propios; pasando por la inserción de un subtexto –ya motivación del personaje, ya derivación simbólica del escenario– latente de señales ambientalistas, reclamos de paz; hasta desembocar en el manejo de sujetos femeninos decisivos, decisores de su propia suerte y garantes del bienestar universal, cada fibra Takahata/Miyazaki vive bajo el metraje de Nausicaä del Valle del Viento.

   La acción de la obra transcurre en un no-tiempo inexistente y contradictorio en sí mismo. Cronológicamente, los hechos toman cuerpo un milenio “después de la caída de la gran civilización industrial”, referencia transitoria que nos ubica en un momento posterior, rezagado. En este contexto prevalece cierta tardanza tecnológica –motivada por la guerra y su consecuente contaminación– que justifica la ruralidad de la mayoría de personajes, así como su disposición económica de factura agrícola y el remanente feudal de sus respectivos gobiernos[iv]. De esta forma, asistimos a una representación retrofuturista de la realidad, versión eólica del steampunk en la que abundan los artificios voladores en detrimento de las máquinas a vapor.

   Nausicaä del Valle del Viento resulta el tablado perfecto para el despliegue inaugural de un argumento “verde”, seña de identidad en la obra de Miyazaki. La primera escena del largometraje, un regodeo visual sobre el avance de la toxina, descubre las consecuencias de una industrialización exagerada, imprudente. Señala, además, la catástrofe potencial que aguarda a los estados beligerantes, impetuosos en sus hábitos de consumo y abastecimiento.

   Así, la relación Naturaleza-humanidad se funda tesis urgente para el director, concertando ambos estratos un embajador mutuo, emisario de la reconciliación: Nausicaä. La princesa asume la obligación de proteger a su pueblo, al tiempo que su voluntad ecuménica deviene apremio, estímulo para la preservación de la flora y fauna presentes en el Bosque contaminado. He aquí, precisamente, otro de los ejes temáticos originados en el filme: la participación (antagónica y/o protagónica) de caracteres femeninos amplios, enriquecidos.

   Ajena a las normas conductuales impuestas por los roles de género, la película revela una galería de mujeres autónomas, capaces de encaminar los hilos de la trama. Como ya fue sugerido más arriba, Nausicaä encarna una variante “liberada” de la princesa occidental, desarticulando los códigos de recato y pasividad inherentes a este personaje-tipo[v]. Asimismo, Lady Kushana, reina de Tormekia, condimenta su codificación de “villana” al incorporar rasgos éticamente ambiguos, dispersos en el espectro de la moralidad.

   Por una parte, so pretexto patriótico de librar a su pueblo de calamidades, no teme enfrentar (¿el caos global?) la ira de los Ohms[vi]; por la otra, acusando un chovinismo que roza lo imperial, despliega maniobras expansionistas y subyugantes sobre naciones inocentes, “enemigas”. Esta profunda subjetividad, en comunión con la relevancia de otros sujetos femeninos (la anciana profeta Obaba, la princesa Lastelle de Pejite), avalan la preeminencia de la mujer en los propósitos narrativos de Ghibli.

   Por último, y a pesar de los abundantes elementos fantásticos y sci-fi que colman esta pieza-cada pieza de Miyazaki[vii], el antagonista (categoría enfrentada, aunque no excluyente) debe perseguirse bajo la costumbre autodestructiva del género humano. El egoísmo, la xenofobia, los abusos de poder y la indolencia de los gobernantes constituyen, según la cosmovisión asumida por Estudio Ghibli, la auténtica amenaza, el conflicto primigenio.

   Así, de mano de Nausicaä del Valle del Viento –su éxito comercial y de crítica– comienza una etapa de interiorización renovada y necesaria en la animación mundial. Estos planteamientos temáticos, imaginería estética, serán potenciados en las siguientes obras del estudio, logrando su cénit de calidad en la tríada La princesa Mononoke (1997), El viaje de Chihiro (2001) y El castillo ambulante (2004), verdaderos monumentos fílmicos.


[i] El primero en la producción, el segundo de director y guionista.

[ii] Secuelas de la violencia nuclear­­. Dicha región (saturada de polución irrespirable, atmósfera mortífera) es nombrada “Bosque contaminado” en español, a diferencia del “Sea of decay” del doblaje inglés.

[iii] “Giant warrior” en la esfera angloparlante.

[iv] Los representantes de cada nación ostentan cargos nobiliarios: rey, reina, princesa, entre otros.

[v] Universalizados, sobre todo, gracias a la factoría Disney y sus populares versiones de cuentos de hadas.

[vi] Insectos gigantes de procedencia prehistórica, devastadores en su cólera.

[vii] Si bien Takahata sostiene un argumento sutilmente sobrenatural en El cuento de la princesa Kaguya (2013), su quehacer cinematográfico es identificado por su filiación realista.

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