Ella Cinderella

Por Gretchen García

La nueva película de Cinderella deja a su paso mucho de lo que hablar. O la amas o la odia.

Sus índices de gustos son bajos para una película de su tipo. La principal cuestión radica en que los aficionados olvidaron que no se trata de un live action de la cinta animada, quizás lo que aspiraba. No es un remake de la versión Disney de Lily James del 2015. Tampoco se trata de una adaptación del cuento de Charles Perrault. Ni pretende un realismo social o histórico. Simplemente, toma la magia del cuento de hada y realiza una versión muy postmoderna del clásico literario.

No lo neguemos. Probablemente Cenicienta sea el cuento de hadas más adaptado en cine. Desde clásicos ambientados en la edad media, hasta los más modernos protagonizados por estrellas adolescentes como Hilary Duff, Selena Gómez, Sofia Carson o Lucy Hale. Todas tienen puntos en común, son estrellas adolescentes y trasmiten un carisma dulce digno de una película cotton candy.

Aunque Camila Cabello no es una mercancía de Disney, sí es una de las cantantes más populares en la actualidad y sobre todo, es latina. Por tanto, la tradición de películas hecha de azúcar, música pop y performance continúa.

La magia de Perraut está. La pequeña huérfana que cambia su vida gracias a un baile, un vestido, un hada madrina y zapatos de cristal también están presente. Pero no se trata de Cenicienta sino de Ella.

Sus personajes son distintivos. El príncipe deviene ser la sátira de lo que representa el personaje, una particularidad que aporta elementos humorísticos. La madrastra no es tan malvada y, resulta difícil odiar a Idina Menzel. Por otro lado, agregan un nuevo personaje: Gwen , hermana del príncipe, quien sueña con llevar la corona y, a diferencia de su hermano, tiene la facultad para hacerlo.

La nueva Cenicienta es una joven con la cual muchas podrían identificarse. No solo es bromista y entusiasta, sino que anhela una realización profesional. El personaje solo pretende ir al baile para promocionar su vestido y lo logra. Además de captar la atención del Príncipe, logra encontrar una promotora que le facilitará emprender sus sueños. El apego de la actriz al personaje se aprecia y logra una compatibilidad con el resto de los personajes, en particular con la icónica madrastra.

Vivian (Idina Menzel), la madrastra, es un personaje que casi escapa de las ataduras tradicionales a las que está sujeto su papel. En efecto, tiene un aire particular con respecto a otras versiones cinematográficas. En primera instancia, apoya la relación de Ella con el príncipe, por supuesto con motivos egoísta, pero al menos no la encierra y obliga a sus hijas a mutilar sus pies para encajar en el zapato de cristal. En segundo lugar ambos personajes, al final, parecen llegar a un punto de aceptación. Además, la madrastra tiene escenas musicales divertidas, como Material Girl, y por supuesto, el talento vocal de Idina opaca al resto de los actores. En cambio, sus hijas pierden presencia a su lado y pasan desapercibidas en toda la cinta.

Por otra parte tenemos a Billy Porter en el papel de un hada madrina de género no-binario, como un llamado al contexto social que vivimos actualmente y una invitación a la inclusión y la diversidad en los personajes en las grandes producciones de Hollywood. Desde el anuncio de su participación como Hada Madrina, despertó revuelos; tanto por su sexualidad como por su color de piel. Porter se convirtió en el personaje más polémico y representativo de  la película. Robó el protagonismo de todos los personajes y con una presencia tan corta se convirtió en el elemento más distintivo de la película.

Obviando que una vez más resuman a la minoría en un solo personaje, Porter se convirtió en una ingeniosa jugada marketing.  Asimismo, rompe los esquemas de los cuentos de hadas para adaptarlos a los nuevos tiempos. Los clásicos de Grimm, Andersen o Perrault reflejan un mundo en el que el papel de la mujer y el hombre son diferentes y muy marcados. . En efecto, productos de otras circunstancias socio-históricas.

Cenicienta pretende una apertura a un nuevo tipo de producción para las versiones fílmicas de los cuentos clásicos. Proyectarse desde otras aristas y con temas relacionados a los valores que deben predominar en nuestra sociedad actual; como el respeto, la tolerancia, el anti belicismo, el medio ambiente, la solidaridad, la amistad y la perseverancia, conceptos, que aparentemente, encaja en el hada madrina de Billy Porter.

Mención aparte a la diversidad, la película tiene un claro objetivo: trasmitir una lección de empoderamiento desde diferentes perspectivas. Para muchos, fue un poco forzado. No se niega, pero es una película para la familia y no pretende transmitir lo complejo mediante lo complejo. Sin embargo se celebra su propósito, con ejemplos que van desde la Princesa Gwen (Tallulah Greive), con sus ideas para progreso del reino; la Reina Beatrice (Minnie Driver), quien desea estar como igual ante el rey; hasta Ella, que persigue su realización laboral.

La banda sonara se convierte en su elemento más representativo. Se aprecia a Queen, Madonna, Janet Jackson, Nico & Vinz, The White Stripes, Ed Sheeran y Jennifer López, envolviendo a la película en un aire nostálgico. Pero, también, incursiona temas nuevos como Millon to One, cuya partitura es agradable y dulce.

Uno de los aspectos más impactantes es que, por primera vez, no es la princesa quien canta la icónica canción anhelando el amor sino el príncipe. Para ello recurren a pieza maestra de Queen, Somebody to Love. ¿Demasiado obvio? No. La pieza esta seleccionada a modo de remembranza por la película protagonizada por Anne Hathaway, Ella Enchanted, un film cuyo formato guarda mucha similitud a la película en cuestión.

Más que musical, la película era un recopilatorio de videos clips. Lo que es un aspecto tanto negativo como positivo. Por un lado, carecía de peso dramático, pero lo compensaba con la fotografía, dirección artística y los números musicales.

El público tenía grandes expectativas por la versión 2021, esperaba más de la película. Pero olvidaron que no es una adaptación del clásico de Disney o del cuento de Perraut. Ciertamente, la película es una fantasía europea con aire contemporáneo. Los trovadores rapean, los aldeanos bailan pop y la moda es variopinta.

Cenicienta es sólo una película familiar y comercial más. No fue suficiente para convencer a todos los públicos y la crítica. Los efectos especiales tampoco eran los mejores. Sin embargo, brilla por su tono divertido, musical y bailable. Es alegre, banal y logra contagiar al espectador.

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