Días después del mañana

Una introducción al género Postapocalíptico

Por Gretchen García

Es difícil pasar por alto que desde tiempos antiguos el ser humano vive obsesionado con el fin del mundo. Preocupado, más por morir, que por vivir. Un recorrido por las artes visuales demuestra esta tesis de paranoia colectiva sobre el fin de los tiempos.

Con los años la fascinación por representar el fin del mundo crece y la fantasía catastrófica se expande. Pronosticar él ultimátum de la humanidad y escribir el capítulo final de esta narrativa histórica se vuelve una moda y se debate como algo posible.

El hombre es consciente de que todo lo que nace está sujeto a tener un fin y el universo y la vida no son la excepción. La tecnología y los adelantos de la ciencia más allá de alejar la vieja superstición la ha enraizado aún más a nuestra conciencia.

Fotograma de Melancolía (Lars Von Trier, 2011)

Ragnarök, Juicio Final… Los eventos del Apocalipsis pueden ser tan ricos y variados como la imaginación humana o tan realistas como los pronósticos científicos. Todos conocemos los orígenes del término. Este pequeño acápite que forma parte del Nuevo Testamento cristiano pronosticando el Juicio Final. El mundo se reiniciaba, comenzando un nuevo ciclo y nuestras almas eran puestas en un juzgado para decidir el infierno o el cielo. Vienen 4 Jinetes, trompetas, ángeles, demonios, se rompen sellos… y no, no hablamos de un episodio de Supernatural.

Los artistas plásticos se inspiraban en este pasaje bíblico; desde Pieter Bruegel, El Greco, William Blake, El Bosco y Miguel Ángel hasta Carlos Alonso, León Ferrari, Albert Goodwin y Daniel Maczynsk. Las obras fueron sumamente controvertidas en su momento ya que el tema era abordado con sumo cuidado.

En la Edad Media, monumentales obras y esculturas en las iglesias, anunciaban el fin del mundo. Un intento de utilizar el miedo para imponer la fe y el temor por las llamas del infierno. El Juicio Final, la llegada del Anticristo y Los 4 Jinetes eran el tema favorito desde el Románico hasta el Barroco; como si el solo hecho de vivir en la Edad Oscura no fuera de por sí, una tragedia. Sin embargo, hay que aplaudir a los artistas de la época, en efecto obras como El Jardín de las Delicias de El Bosco o El Juicio Final en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel representan hitos de la Historia del Arte.

El jardín de las delicias (tríptico sobre óleo), Hieronymus Bosch (El Bosco), 1500-1505, Museo del Prado, Madrid.

Lo curioso es que, ni el onírico tríptico ni el sarcástico mural renacentista, representaron el apocalipsis religioso, sino el humano. Es decir, no eran una advertencia acerca de las consecuencias de una “vida pecaminosa” a los ojos de la Iglesia sino un anticipo de lo que era inminente.

Toda época tuvo su sentir fatalista de que el momento que experimentaban eran los últimos minutos de la humanidad; salvo quizás, la cultura maya, que ya lo tenía programado. De hecho, varias sociedades antiguas, incluidas la babilónica y la hindú, produjeron literatura mitológica apocalíptica.

El ser humano, sin importar el contexto social en que viva, es egocentrista. Es decir, independientemente de la trascendencia del momento histórico, el hombre experimenta la creencia de ser el centro del universo, de vivir en una época especial y única; lo que vendría a significar la sucesión de una serie de acontecimientos, obligadamente espectaculares e insólitos que pudieran desencadenar un fin catastrófico.

Juicio Final (Fresco), Miguel Ángel, 1536-1541, Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.

Históricamente, en medio de estas circunstancias hay una conciencia, de que la vida es una agonía finita. De esta forma la guerra, las pandemias y las crisis nerviosas inspiraron innumerables obras de arte. Dígase El triunfo de la muerte de Pieter Brueghel, Jirafa en llamas de Salvador Dalí, El infierno según Alonso de Carlos Alonso, Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Alberto Durero, El Viejo y el Infierno de Luca Signorelli o Visión del Apocalipsis de El Greco.

Es difícil no estar influenciado por esta tesitura religiosa o «estética del desastre» cómo la definiría Susan Sontag. Incluso cientos de años después, se busca una simbiosis con el apocalipsis religioso, alimentando este, las mente de muchos artistas durante siglos y su capacidad de imaginar una hecatombe postrera racional, científica o natural. Se había mencionado que muchos creadores se sintieron influenciados directamente con su contexto… enfermedades, invasiones, conflictos bélicos e incluso demencias, pero, de todas las situaciones históricas ninguna más inspiradora que la Guerra Fría, de las que saldrían grandes hitos tanto cinematográficos como literarios. Luego del desastre que supuso la bomba atómica para Hiroshima y Nagasaki, y ante la amenaza de una guerra nuclear entre dos sistemas y potencias militares es de suponer que el mundo despertara una consciencia sobre el fin de la humanidad.

La novela moderna, y el género literario, da sus primeros pasos con ejemplos reconocibles como El último hombre de Mary Shelley de 1826 y La guerra de los Mundos de H. G. Well. Pero no es hasta la segunda mitad del siglo XX, que el apocalipsis no concibió el día después de la catástrofe. Era, a todos los efectos un punto final.

Fotograma de La Guerra de los Mundos (2005)

El concepto de lo post-apocalipsis no existía. Las dos guerras mundiales, El conflicto URSS/EEEUU (Cold War) y la tecnología nuclear crearon una consciencia sobre un posible fatalismo donde la aniquilación humana ya no estaba en manos de Dios, invasiones extraterrestres o zombies, sino de algo mucho peor: la humanidad.

De esta forma entre la segunda mitad del siglo XX y el actual siglo XXI, se fomentó una narrativa literaria plagada de visiones futuristas del tipo nuclear, invasiones del espacio (asteroides, alienígenas), enfermedades, experimentos científicos, guerra, cambio climático, etc. Con grupos sociales que sobrevivían dichas catástrofe y lidiaban con la vida después de los eventos.

Por extensión, apocalipsis se usa como expresión para describir cualquier tipo de proceso que implique pues, la destrucción del mundo. Pero…surgió la pregunta ¿Qué pasaría después? Donde el primero implica un evento catastrófico, el segundo define la vida después de dicho evento.

Snowpiercer (2013)

El hombre sobrevive a la guerra y vive en medio de una crisis socio económica. En estas circunstancias sale a relucir su egocentrismo y plantea la posibilidad de que, como raza, es capaz de sobrevivir a los fatalismo que se presente. Los metarrelatos, aquellas grandes ideologías del siglo XIX, ya eclosionaron y la humanidad vivía un nuevo caos.

Florian Cramer en ‘What is Post-digital? Lo definiría “Post-apocalíptico (un mundo en el que el apocalipsis no ha acabado sino que ha progresado de un discreto punto de ruptura hacia una afección contínua -en términos Heideggerianos, del Ereignís al Ser- y con una iconografía contemporánea popular siendo Mad Max (1980s) de los pioneros”’

Las tesis del género post-apocalipsis se define como el fin del hombre moderno. El hombre no busca reconstruir sus vidas, sino sobrevivir a toda costa. Si el hombre moderno está definido por sus relaciones sociales y la política, cuando la sociedad, como espacio de estas relaciones y leyes, deja de existir ¿Qué queda?

En el mundo postapocalíptico toda ley y orden desaparece y las relaciones entran en crisis. Entonces el ser humano deja de serlo y pasa a ser un animal, movido, no por sus relaciones sociales, sino por su instinto de supervivencia. Todo va de resistir, adaptarse e intentar retomar hacia una civilización en las duras condiciones que dejó el evento catastrófico.

Tanto el cine como la televisión, desde sus inicios explotan la idea de una lucha constante de supervivencia e intento de volver a la normalidad y para el público es atractiva; por lo que está más que representada. La fórmula una y otra vez se reitera… un individuo intenta sobrevivir en un mundo estéticamente construido como reflejo (post)eurocentrista, (post)colonial, (post)modernista y (post)digital de nuestra sociedad contemporánea. Esto es lo que deviene a ser el post-apocalípsis, donde el post ya es pasado, y denota un sentido histórico y una filosofía tan opulenta como fatalista.

Fotograma 1984 (1984)

Esta metáfora ni siquiera es el relato más atractivo. Puesto que en algún punto en medio de esta hecatombe el hombre logra crear una sociedad imperfecta pero perfecta a los nuevos estándares: La Distopía. Una búsqueda rápida la define una sociedad ficticia indeseable en sí misma, es decir lo opuesto a la utopía.

Distopía o cacotopía son términos antónimos de utopía significando una «utopía negativa», donde la realidad transcurre en términos antitéticos a los de una sociedad ideal, es a todos los efectos una civilización hipotética indeseable. En la distopía, existen leyes y una sociedad funcional; solo que beneficia a una minoría a costa de una gran mayoría.

La distopía es un concepto occidental que habla de condiciones infrahumanas, escasez, inmoralidad y manipulación mediática. Poniéndolo así, todos vivimos en una sociedad distópica. Pero la distopía es, en esencia, la Anti-Civilización.

No es difícil imaginar el ejercicio creativo amplio que supone para un autor crear las peores prácticas humanas e imaginar las más retorcidas situaciones política y sociales. Para nadie es sorpresa que muchas estén inspiradas en el fascismo, el socialismo soviético y el extremismo religioso. Asimismo, decir que es un género estilado, usado y gustado es quedarse corto.

The Hunger Games

En cierto modo, para algunos espectadores cierta distopías son su propia utopía…lo que crea híbridos culturales. A pesar de ser un género con una visión fatalista, resulta atractivo para un amplio público que quedan hipnotizados con imágenes post-apocalípticas de ciudades fantasmas invadidas por la naturaleza. No por la aspiración hacia un mundo caótico sino por la necesidad de poner fin a una sociedad burocratizada, nihilista, consumista y letárgica donde el individuo vive deshumanizado y desencantado. Ante la monotonía de la vida, el día tras día igual; la amenaza apocalíptica parece ser un reto, una oportunidad a lo diferente. El (post)apocalipsis pone a prueba la naturaleza del hombre y rompe la sociedad que el propio ser humano critica.

Se interpreta así el Apocalipsis como un proceso de cambio, una catarsis necesaria para la civilización (occidental) y la reivindicación de lo significa ser humano. Nada más elocuente y cotton candy que narrar una historia donde millones mueren y solo la ley del más fuerte, salva al hombre. Los acicates metafóricos quedan entonces a las recepciones de cada individuo y los discursos culturales imperantes… o simplemente convertir la destrucción en una obra de arte.

Mad Max (1979)

Cientos de películas pasan por nuestro imaginario como grandes hitos cinematográficos desde Mad Max de 1979 hasta la cinta animada Wall.E. Precisamente explorando la decadencia del ser humano y el cataclismo de masas. Se trata pues, de un género que hace un llamado a hacia la expiación de los pecados, un recordatorio de que nada es eterno e inmortal o, simplemente, una especulación de nuestro destino final.

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