El libro de Eli o cómo la fe mueve montañas

Autor: Luis Daniel Ferrer Salgado

Narrar una película postapocalíptica sin que al espectador le preocupe en lo más mínimo la catástrofe que causó ese futuro no debe ser tarea fácil. La trama tampoco intenta explicarlo mucho, apenas te plantean que han pasado 30 años desde El resplandor, un suceso causado por una guerra nuclear, pero que no hay mucho detalle al respecto.

Entonces, ¿de qué va la película? Pues es obvio que de un libro, lo dice el título, y de Eli, su portador, una especie de mesías que necesita entregar un mensaje divino en algún punto indeterminado del Oeste, mientas se enfrenta a cuanto bandido encuentre por el camino. Ya con solo leer la sinopsis nos percatamos que el Apocalipsis aquí no es más que una excusa utilizada para crear el ambiente de la cinta, aunque de no existir tampoco representaría un cambio muy significativo.

Ya antes de estrenarse, en enero de 2010, contaba con un mayúsculo problema: el de despegarse de la sombra creada por La carretera / The Road, una película de trama muy similar que había visto la luz apenas dos meses antes (noviembre de 2009) y que contaba con Viggo Mortensen (El señor de los anillos) como protagonista.

Fotograma El libro de Eli (2010)

El libro de Eli presenta un mejor reparto si contamos como principales referentes a dos oscarizados actores como Denzel Washington, en el papel de Eli, y Gary Oldman, como el villano de turno, Carnegie. Además de Jennifer Beals (Flashdance) y Mila Kunis (Con derecho a roce y El Cisne Negro), y a los hermanos Albert y Allen Hughes que se habían ganado un grupo de fanáticos después de dirigir Desde el infierno en 2001.  

Pero estas no fueron suficientes garantías para desprenderse de las comparaciones con su predecesor. Si cambias cuidar el libro por un niño, y el viaje al oeste por el sur, no se podría decir que sean muy diferentes. En las dos hay un mundo destruido, escasez de alimentos, bandidos, canibalismo, pero también un hombre intentando inculcar valores a una figura más joven. Te puede gustar una más que la otra, pero es una cuestión más bien personal y no de superioridad.

Ya con este problema la película partía con un punto en contra hacia la crítica especializada, pero si a eso le sumas las inconsistencias de su guion, los fallos argumentales y los personajes planos, pues ya ve preparado para que te destrocen.

Sí, la mayoría de sus deficiencias parten de su libreto, pero este es la columna vertebral de una película. Si este falla, puedes estar seguro que ningún otro aspecto podrá ser destacable. Ni el mejor actor del mundo puede sacar chispas de un personaje mal concebido, ni el más brillante director puede hacer maravillas con una escena mal escrita.  

Fotograma El libro de Eli (2010)

Aquí ni siquiera se esfuerzan en aparentarlo. Washington y Oldman resaltan un poco sobre el resto, pero por su calidad. Sus personajes no son algo del otro mundo. Mientras Eli parece el típico héroe casi invencible que todo lo resuelve a base de golpes, Carnegie no es más que un villano sin trasfondo que es malo solo porque sí.

Es en este punto donde nos percatamos de los dos verdaderos objetivos que tiene la película. Aquí es donde entendemos porque el Apocalipsis es tan poco importante. Los directores no están intentando narrar una película sobre las consecuencias del fin del mundo, sino vendernos un western moderno en el que protagonista no tenga que vestirse de vaquero, pero manteniendo los demás elementos.

Por otra parte está la fe, casi al punto de ser una cinta más religiosa que apocalíptica. No solo la que tiene Eli al considerarse elegido divinamente por un ser superior que le habla al oído y le pide que entregue el libro en un lugar sin decirle el nombre, sino también la de Carnegie que considera a ese libro un arma capaz de conquistar no solo su pueblo sino otros cercanos a través de divulgar sus palabras.

Ambos niveles de fe están prácticamente igualados durante la mayor parte de la trama. Ninguno es capaz de ceder porque desde su perspectiva cada uno está del lado de la verdad. Esto es una crítica evidente a cómo la religión ha sido utilizada a lo largo de la historia para imponer unas determinadas leyes a partir de una libre interpretación de su texto.

Pero hasta ahí llegan las buenas intenciones del filme. El western moderno va tomando forma desde que Carnegie hace su entrada autoproclamándose el líder del pueblo. El hombre capaz de controlar el agua (el último bien preciado que queda) y dirigir al principal grupo de bandidos del lugar y todo eso desde una cantina ¿No les suena conocido de alguna parte?

Fotograma El libro de Eli (2010)

Si a esto le sumamos las escenas de peleas cuerpo a cuerpo que parecen inspirarse en las más clásicas películas de artes marciales orientales y una fotografía que nos inunda de una estética casi copiada de un cómic (o de un videojuego, según se mire) tenemos ante nosotros un cóctel tan extraño como explosivo que nos explica por si mismo porqué la cinta no llega a cumplir con su segundo objetivo.

¿En qué momento el espectador se va a detener a plantearse dudas sobre la fe y la religión si está más pendiente de los tiroteos, los puñetazos y las persecuciones por paisajes desolados? No hay tiempo, todo sucede a un ritmo tan alto que si te detienes a reflexionar te pierdes una secuencia.

No les negaré que es entretenida y disfrutable y decir que lo más destacado de todo el largometraje es su música no debería ser una sorpresa para aquellos que hayan oído hablar de Atticus Ross (ganador de dos Premios de la Academia por La red social, 2011 y Soul, 2020).

Pero (y aquí viene lo mejor) todo esto hubiese sido perdonable sino fuese por su final. Busca sorprender porque es lo que está de moda en el cine moderno, pero lejos de hacerlo causa espanto y siembra muchísimas más dudas.

Fotograma El libro de Eli (2010)

Cuando por fin Eli llega a su destino (la antigua prisión de Alcatraz, ahora sitio de rescate de libros universales) nos acercan su rostro por primera vez para descubrir que era ciego y la Biblia, o sea, el libro en cuestión, estaba escrito en braille. Ese, a simple vista, no es un problema porque el cine y la literatura nos han dado grandes protagonistas que, a pesar de esa discapacidad, pueden pelear de tú a tú contra cualquier enemigo. Pero ni siquiera los dos más famosos que yo conozco, dígase Zatoichi y Daredevil, han sido capaces de sobrevivir cazando con arco y flecha o matando enemigos a punta de pistola.

¿Cómo es posible que supiera hacia dónde estaba disparando? Es un poquitico complicado dar en el objetivo si no lo estás viendo, sobre todo, si está en movimiento ¿Acaso tenía un instinto especial para estas cosas? ¿Ecolocación como los murciélagos? ¿Se lo soplaba el ser que le susurraba al oído? Es muy raro e ilógico, pero si vas a sorprender hazlo con algo que nadie esté esperando.

Y hablando de cosas ilógicas el final de Carnegie es cualquier cosa menos trágico: Se queda con el libro, es cierto que no lo puede leer, pero lo tiene, y él no se lo sabrá de memoria palabra por palabra, pero tiene un conocimiento básico de lo que dice, lo suficiente como para engañar nuevamente al pueblo y autoerigirse salvador y nuevo mesías. Claudia (Jennifer Beals), al ser ciega, es la única que podría desmentirlo, pero cómo no se ha leído la Biblia no creo que pueda atestiguar que esté mintiendo al 100%.

Fotograma El libro de Eli (2010)

También es cierto que está herido en una pierna, pero lo que supuestamente lo va a matar es la infección. ¿Por qué no se corta la pierna y ya? Él tiene lo más importante, el libro que es el arma definitiva, es el mensaje que lleva transmitiendo durante toda la película. Ese sacrificio solo haría que ganara puntos como el próximo enviado del “señor”.

El pueblo se rebela y mata a los últimos seguidores de Carnegie, pero siendo honestos, él es la única persona culta que hay allí y la única barrera para que bandidos de otras partes no vayan a saquear. Matarlo a él no es precisamente una opción recomendable ¿Quién se supone que sea el próximo líder si el resto no sabe siquiera leer o escribir?

¿Y Solara (Mila Kunis) a dónde es que va? Puede que haya heredado la vestimenta y las armas de Eli cuando este muere, pero no tiene ni su experiencia en combate ni en supervivencia. Es más probable que la maten antes de llegar al pueblo más cercano que de que cumpla su propia misión. A no ser, claro, que también tenga una voz que le susurre al oído y la proteja de manera milagrosa.

Como podemos ver aquí la fe no solo mueve montañas sino que es capaz de provocar una guerra nuclear, crear un ejército de seguidores sin pensamiento propio y, sobre todo, otorgar superpoderes. Es la fe, no el libro, la verdadera arma definitiva y si Carnegie se hubiese percatado en algún momento no hubiese necesitado chocar con Eli porque ya tenía todo lo necesario para ejercer de líder dictatorial (incluso de invasor si hubiese querido), solo le faltó confiar un poco más en su arte de manipulación y oratoria.

Fotograma El libro de Eli (2010)

Eli solo lo entiende al final, cuando cambia el libro a costa de salvar a Solara. Él ya no lo necesita porque al llevarlo tanto tiempo ya lo ha memorizado y por tanto se ha convertido en el libro. O lo que es lo mismo, en una herramienta para esparcir la fe.

Como último detalle nos queda que la nueva Biblia dictada por Eli descansa entre la Torá, el Tanaj y el Corán, como guiño de que probablemente él no haya sido el único viajero que llegó a ese lugar para entregar su encargo divino.

El mensaje es bonito, controvertido para muchos, pero esperanzador hasta cierto punto. Lástima que el guion pésimo y las escenas trepidantes de violencia lo opacaran. De haberse centrado en eso y no en encantar al público con acción sin sentido quizás estuviéramos hablando de una mejor película. Pero los directores, irónicamente, no se tuvieron fe.

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