Shingeki no Politics

Por Anet García Lemes

Mucho se ha escrito a estas alturas, tanto en la prensa especializada como en las redes sociales, sobre Shingeki no Kyojin, una obra que, sin dudas, ha marcado la última década en el consumo del manga y el anime. La peculiaridad de su argumento, la mixtura de elementos de diferentes géneros y los giros de la trama han captado la atención de jóvenes y adolescentes y logrado acercar a personas, ajenas a la cultura “otaku”, a la animación japonesa.

Algunos de sus personajes, a pesar de repetir patrones de otras series, llegan a ser complejos y atractivos, más allá del dibujo y la acción. El alto nivel del elenco de actores de voz, la calidad de la banda sonora y una animación decorosa y a ratos memorable de Wit Studio le confieren a Shingeki puntos adicionales.

Fotograma de la Presentación de Shingeki no Kyojin

Pero no es sobre la estética o los valores formales de Shingeki no Kyojin de lo que va esta reflexión, sino de las ideas políticas detrás del manga de Hajime Isayama, publicado entre 2009 y 2021, y cuya adaptación animada aun no ha concluido.


Algunos productos de la industria cultural (filmes, novelas, series, etc.) poseen fines tanto comerciales como ideológicos. Ello crea una constante demanda y asegura la reproducción del propio sistema que genera estos bienes culturales. Si bien, en algunos productos, la ideología aparece explícita, en la mayoría subyace implícita e incluso puede prestarse a varias lecturas en dependencia del público consumidor.

La capacidad de la industria cultural para moldear el imaginario colectivo cobra cada vez mayor relevancia en el mundo globalizado, incluso los estados hacen uso de ella con fines diplomáticos y económicos. Los productos culturales japoneses más exitosos, entre los que se cuentan el anime, los videojuegos, el cine de imagen real, las series televisivas o doramas y el J-Pop, por lo general presentan una ideología sutil y pocas referencias a hechos o corrientes políticas concretas. Sin embargo, la sutileza en la presentación no anula el mensaje en lo absoluto.

Ciudad de Tokyo

En el manga y el anime, las historias protagonizadas por escuadrones militares y movimientos rebeldes son frecuentes. Algunas han tenido mucho éxito como Crucero Espacial Yamato, Gundam, Code Geass, Fullmetal Alchemist y más recientemente Shingeki no Kyojin, esta última, con más implicaciones políticas que las que supone el público occidental.

A simple vista, Shingeki es una obra de ficción que, como sucede usualmente en el manga, mezcla elementos de la cultura occidental con fantasía. En ella tampoco faltan valores universales como la amistad, o regionales, como la supremacía de la colectividad sobre la individualidad. Sin embargo, a pesar de que el dibujo nos sitúa en un paisaje europeo y presenta claramente guetos y estrellas de David distorsionadas, subyacen en la historia, imperceptibles al ojo no experto, muchos indicios que remiten al Japón real y su papel en Asia.

Sin ánimo de relatar el argumento, referenciaré algunos elementos puntuales que demuestran los paralelos entre Shingeki y la historia y política japonesas. Por un lado se encuentran la insularidad de Paradis, donde vive asediado por titanes el pueblo de Eldia, y el aislamiento autoimpuesto al que ha sido sometido el mismo, lo que ha provocado el estancamiento económico y el atraso tecnológico. De ello puede inferirse la alusión a la situación geográfica nipona y el aislamiento del país durante el shogunato, entre los siglos XVII y XIX.

Llegada del comandante Matthew C. Perry a las costas de Japón en 1853

Por otro lado, Shingeki sitúa el origen de los eldianos en una mujer con poderes excepcionales, capaz de transmitir a sus descendientes esta superioridad. A partir del uso de esta fuerza extraordinaria, los eldianos, durante un tiempo, llegaron a gobernar sobre el resto de los humanos. En este acápite es evidente la similitud con el mito shintoísta acerca de la descendencia de la nación japonesa de la diosa del Sol Amateratsu, lo que convertiría a los japoneses en una “raza superior”.

La idea de excepcionalísimo nacional o superioridad étnica, sustentada por el rápido desarrollo, la modernización del país y su conversión en el primer imperio asiático de la época contemporánea, marcó el acercamiento de Japón a otros pueblos de Asia, sobre todo en el contexto de la II Guerra Mundial, con consecuencias negativas para la imagen del país en la región, que perduran en la actualidad.

El militarismo, presente tanto dentro como fuera de Paradis, es un punto que no se presta a tanta crítica en la obra como se podría esperar. Aunque existe el rechazo expreso al uso de la violencia y la fuerza contra otros seres humanos, el militarismo se muestra como una necesidad del pueblo de las murallas. Primero para enfrentar a los titanes y mantener el orden, y luego como la única vía de protección contra un país hostil que en poco tiempo se lanzará sobre los recursos naturales de la isla y subyugará a sus habitantes. En la historia de Japón, la ideología militarista, con gran influencia en la política durante la era Meiji (1868-1912), alcanzó su esplendor en la década de 1930 e introdujo al país en la II Guerra Mundial.

Llegada del comandante Matthew C.Perry a las costas de Japón en 1853

Un elemento importante que presenta Shingeki y que guarda relación directa con la realidad japonesa es la cuestión del derecho a la guerra. En la ficción, el rey eldiano y Titán Fundador promete preservar la paz y hace un voto de renuncia a la guerra. La promesa se mantiene por más de un siglo, a pesar de las vejaciones a que eran sometidos los eldianos que permanecían fuera de la isla y del ataque a las murallas, de hecho, hay un personaje que se refiere al rey en este aspecto como un “pacifista destructivo”.

En la vida real, la Constitución impuesta por Estados Unidos a Japón en 1947, contiene, en su artículo 9, la renuncia explícita a la guerra y a mantener un ejército. Esta cuestión, desde el fin de la Guerra Fría ha sido tema de discusión por sus implicaciones para la seguridad nacional ante posibles amenazas provenientes del continente, específicamente de Corea del Norte y China. Así, el partido gobernante, en el poder desde 2012, ha aumentado el presupuesto militar y ha apostado por un enfoque más nacionalista tanto en política exterior como en seguridad. El derecho de ese país a la guerra es un tópico de actualidad que genera debates en el seno de la sociedad japonesa.

Fotograma de Shingeki no Kyojin

Existen otros puntos de contacto con fenómenos de la política nipona como el revisionismo histórico y la victimización del pueblo de Eldia/Japón. Si bien estas son temáticas válidas que podría abordar cualquier obra, la coincidencia temporal con los procesos políticos que vive Japón hacen de Shingeki no Kyojin un manga y anime de actualidad y alto contenido político nacionalista.


Bibliografía

Hernández Hernández, Franklin Michel, El manga: herramienta al servicio de la política (documento de trabajo), Centro de Investigaciones de Política Internacional, La Habana, 2019.

Muñoz, Jonathan Emmanuel, El ataque de los titanes. Militarismo, Moe y otaku, el ultra derechismo japonés en el actual manga y anime (ponencia), Universidad de Buenos Aires, 2014.

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