Ideología contra mercado: el caso Disney

Por: Katheryn de Armas

The Walt Disney Company es una de las más antiguas compañías dedicadas a la animación y al entretenimiento. Con obras de carácter familiar y pensadas para el público infantil, responde, desde su fundación, a la más clásica moral puritana norteamericana.

Construida sobre la base de conceptos como «what’s beautiful is good» o «lo que es bueno es bello», Disney recurre a la representación caricaturesca de los villanos en sus obras.

Si se hace una revisitación crítica de los clásicos de la compañía, algunos elementos saltan a la vista como reiterativos, los villanos, casi siempre féminas, no suelen ser agraciadas y lucen masculinas en su representación. El caso más representativo es, sin duda alguna, Ursula, basado en una célebre Drag Queen, pero difícilmente es la única. La casamentera de Mulan, cinta a la que es necesario dedicar un aparte, repite estas características, que toman también rastros de Lady Tremaine de Cenicienta. De cierta manera, Disney desde sus inicios comienza a asociar la homosexualidad y los miembros y colectivos queer como los villanos de la historia. Considerando la regia moral conservadora y puritana sobre la que Disney y Estados Unidos está construida, no resulta extraño en absoluto.

Los masculinos no se salvan, los hay afeminados, como LeFou en La Bella y la Bestia, revelado como gay en la versión live action, la obsesión de Gaston consigo mismo o las horribles y casi grotescas representaciones de Jafar y Doctor Facilier, que presentan ciertos manierismos. Sin embargo, ninguno de ellos logra captar la atención de la protagonista de la historia, ni siquiera, el guapo pero descerebrado Gaston.

Disney traduce entonces un desprecio casi total por los villanos, que carecen de matices y de características redentoras, a la vez que se valen de burlas y supuestas inspiraciones en miembros de la comunidad LGTBQ+ en sus representaciones. Más que dar cabida a todos los estratos de la sociedad en sus cintas, la casa del ratón se nutre, a modo de burla, de las llamadas minorías, mostrando un nulo respeto por las tradiciones y culturas que no le son afines, con la excepción de Hermano Oso y Lilo & Stitch.

Mencionábamos a Mulan, la cinta donde una joven se trasviste y, al descubrirse su engaño, pierde todo el respeto que pudo ganar. Si bien la cinta es, supuestamente, un canto al feminismo (en Raccord ya cuenta con un análisis de la cinta que recomendamos) y a la igualdad de género, las actitudes de los ancestros de la heroína tras su decisión, puede resultar ofensivo. De igual manera, los amigos de Mulan, para ayudarla en su misión de salvar al Emperador, se presentan como caricaturas totales de algunos trasvestis, imágenes bastante marcadas en los imaginarios populares. La representación básica a la que recurren, la desconfianza en Ping/Mulan y el final redentor de la abuela destruyen cualquier mensaje verdaderamente inclusivo.

Cuando otras producciones audiovisuales, animadas incluso, como el caso de Shrek, ya estaban dando una representación justa a los miembros de la comunidad, Disney seguía recurriendo a la caricatura, la burla y las medias tintas. El lobo trasvesti, los rasgos masculinos del hada y femeninos de Encantador y la adorada hermanastra fea ocupan lugares supierores a las medias tintas que Disney intenta reflejar y en las que falla.


Posiblemente la única excepción que escape de la regla es El Rey León / The Lion King, de 1994.

La controversia en torno a la cinta fue por la inserción sutil de la homosexualidad. Primero con la elección de Elton John para la composición musical y la aparente representación de una pareja gay formada por Timón y Pumba, quienes se convierten en padres adoptivos de Simba, siendo no sólo una pareja de dos personajes masculinos, si no además, una interracial, el personaje todo en uno comienza a vislumbrarse también en la animación.

Al igual que con Lightyear (y se menciona por esta por ser la más emergente y actualmente controvertida, la ultraderecha no tardó en mostrar el descontento. En el ojo del huracán estaban los niños y su exposición a la homosexualidad, denunciadose a la película como un intento de “homosexualizar” a los niños a través de la animación. Esta bandera continua siendo esgrimido por los sectores más conservadores en la actualidad, aún y cuando el Congreso aprobó una ley que establece que todas las minorías deben ser representadas en todos los productos audiovisuales pertenecientes a Hollywood.Sin embargo, la pareja homoparental fue un accidente para Disney o bien los creadores recurrieron a la sutileza de la amistad y el compañerismo para engañar a la casa del rato. Al final la pareja de Timón y Pumba se convirtió en un canon dentro la franquicia Disney.

Hay que recordar que Pixar y Disney son diferentes casas de animación, aunque ambas pertenecientes a Walt Disney Company, por lo que suelen ser vistas como una misma.Pixar desde sus inicios ha sido mucho más flexible y respetuoso en la representación queer y la orientación sexual que Disney. Y Aunque Lightyear es su producto más explicito si cuenta con un cortometraje y representaciones asecundarias en algunos largometraje.

La duda se hace evidente y la desconfianza, lógica, ¿por qué ahora? Y, ¿hasta cuándo durará el cambio de mentalidad? ¿Habrá una próxima vez tras el estreno de Lightyear o el equipo de Pixar gasto su única bala en una escena de dos segundos?

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