Animación Queer. Cosas y casos de la animación americana

Por Gretchen García

La animación no ha dejado de evolucionar desde sus orígenes. A más de un siglo de existencia ha logrado expandirse a múltiples géneros y formatos, quedándose en evidencia que no se trata de un subgénero sino de otra forma de hacer cine. Sin embargo, hoy en día cuesta demostrarle a un público mayoritario que es posiblemente hacer una animación exclusivamente destinada al público adulto.

De forma equivoca se interpreta la idea de lo infantil con lo relacionando con el medio animado, por ello, las muestras de sexualidad y, específicamente, la homosexualidad son una forma de sexualizar o forzar la ideología de género en los infantes. No ocurre así con los contenidos de violencia, puesto que la creencia popular acepta que la condición animada resta realismo a lo expuesto. La paradoja radica en como los padres ponen en el centro del debate la protección de los niños y sus derechos contra la homosexualidad. Por tal motivo, en teoría, consideran este tipo de animaciones, como adultas, pertenecientes al mundo de los mayores o, simplemente contenido no aptos para niños.

Para nadie es sorpresa que el cine comercial tiene dos actitudes respecto al tema LGBTQ. El primero es utilizar a los transexuales, gay, travesti… como personajes de comicidad o enganches de ironía y extremismo. En segundo lugar, hacen invisibles todo lo relacionados con la homosexualidad. La invisibilidad, haciendo como si esta minoría no existiera fue una constante en el cine anterior a los 80, particularmente durante la vigencia del Código Hays.
Cuando la homosexualidad empezó a aparecer en los medios se retrató, primero, por medio de estereotipos dramáticamente negativos. Más tarde, el secreto, el armario, el sida fueron (y siguen siendo) un elemento clave en la representación de gays y lesbianas, transexuales y bisexuales (LGTB).

Ahora bien, la infra-representación LGTB es más problemática en el medio animado. El ruido mediático ocasionado por la más reciente cinta animada de Pixar demostró no solo que el mundo no está preparado para aceptar la igualdad social por orientación sexual, sino que siguen estacados en la falsa idea de que todos los productos animados son para infantes.

Moverse sobre la gruesa línea que representa el binomio animación adulta e infancia es controversial. Sobre todo, cuando se muestra sin reparos a los LGBTQ+ en diferentes matices. A diferencia de países como Japón, en la animación americana, la representación de personajes queer es algo reciente.

El problema radica en que el concepto de animación adulta en contraposición a la animación infantil aún no está del todo «democratizado». Es así que series como Los Simpson, Family Guys, Futurama, por solo mencionar algunas entran en la categoría de “familiar” a pesar de abordar temas adultos, de política, sexo y trabajar con un humor negro. Sin embargo, los niños, son su principal consumidor.

El debate sobre qué contenidos son aptos para menores y caules están destinada para los adultos, con los infantes como punto de referencia, es solo un pretexto de conflicto cultural mediático y social. Las productoras pueden salir a su defensa y afirmar que la decisión sobre a quién está destinado esta manos de los creadores de cada producción, y no de los grupos sociales. Sin embargo, sería un error, ya que sus ganancias dependen del consumo y la opinión de los públicos. Al final, todo termina en un torbellino en que solo sale perjudicado la animación.

Rebecca Farley advierte de la existencia de dos grupos de espectadores “enfrentados” y lo erróneo que seria permitir esta línea divisoria. Por un lado, tenemos a los defensores de la legitimidad multicultural, racial y de género. Aquellos que usan el humor como mecanismo de oposición al otro grupo y usan el fenómeno para hacer valer sus posturas. En el otro lado, aquellos de moral intachable, defensores de supuestos derechos infantiles a no homosexualizar, usando palabras de Biblia y alegando que la animación es en esencia un género infantil. El estado del cliché de que la animación es esencialmente infantil, y por ello el LGTB debe ser negativo o invisible hace que grandes compañías como Disney estén obligadas a cumplir un “codigo Hays” a fin de mantenerse como potencias animadas.

Por muchos años la animación no escapó de la burlas y los estereotipos en la representación de lo LGBT+ llegando en algunos caso a tomar atributos asociados a lo queer para adjudicarlos a los villanos. Al asociar lo queer con la burla y lo negativo, no hacen más que legitimizar aún más la animación en lo infantil. Entra aquí el ejemplo de Bugs Bunny, con peluca y vestido, en actitud femenina alrededor de otros personajes masculinos. No ocurre así con el personaje de Pleaky en la franquicia Lilo y Stitch cuya asociación a los drag queen, prácticamente pasa inadvertida, pese a que fue graciosa y respetuosa.

Shirley Steinberg critica, que persiste un estereotipo de homosexual, no solo en animación sino en el cine Hollywood en si, debido a las tendencias homófilas. Según la autora, ocurre que «los homosexuales son ‘demasiado sexuales’» ya que lo que temen de ellos es su orientación afectivo-sexual. Por ello, el único modo de representarlos de manera aceptable es como el «contrapunto de los personajes heterosexuales», haciendo que sean o muy masculinos o femeninos, graciosos y poco atractivos. De esta forma, los estereotipos feminizantes o masculinizantes, entiéndase como mujeres masculinas y hombres femenino, son una constante y persisten como un cliché

Las series animadas no corren la misma desventura de crítica social de las películas. El problema radica en que se asume comúnmente el canon moral de Disney, y por tanto, las producciones para cine están más expuestas a dicho juicio moral. Las series animadas cuentan con mayor libertad creativa y están menos sujetas a la auto-censura.

Muchas opiniones salen a relucir que Disney (Entiéndase también Pixar) es la meca de la animación y que por tanto está moralmente obligada a cumplir un codigo. Sin embargo, nada paso cuando Disney Channel proyectó un episodio de animación donde varias parejas del mismo sexo se besaban o cuando Pixar sacó un cortometraje sobre salir del armario.

El caso de Lightyear fue similar a Flee. La primera un producto destinado a los infantes y la segunda una película clasificada para adultos. Flee es una cinta danésa, pero desató mucha controversia en EEUU particularmente en los Óscar debido a su contenido LGBT+. Ambas fueron duramente criticadas por el tema de la representación gay al ser cintas animadas. Censuradas y consideradas fracaso de taquilla no por su calidad audiovisual sino por el tema LGBT. Sin embargo, productos como La Leyenda de Korra, con una protagonista abiertamente bisexual, han logrado grandes avances en cuanto a la representación LGBTQ en los medios infantiles.

Desde finales de los 90 las cadenas televisivas han intentado crear animados para un público LGTB+, como Queer Duck de Mike Reiss o Rick & Steve. Pero, ninguno tuvo éxito o se mantuvo al aire. Serían necesarios unos años más para que los paradigmas cambiaran en el mundo de la animación.

Durante años, Los Simpson ha tenido tramas secundaria LGBTQ+. Al comienzo Los Simpson abordaron el tema con cautela, como si dichos personajes estuvieran en el clóset. Sin embargo, su representación es bastante positiva, sobretodo sin ponemos como ejemplo episodios como Homer’s Phobia de 1997 que presentaba a John Waters , un cineasta gay, como un hombre gay que ayuda a Homer Simpson a enfrentar su homofobia. El capítulo, obviamente no estuvo exentos de críticas, pero Matt Baume defendió que “cualquier representación era mejor que no tener representación”. En octubre de 1990, Karl, un personaje gay que ayudó a Homer, cuya sexualidad nunca se menciona besa a Homer, muchos lo etiquetaron como el primer beso animado entre hombres que sale al aire en la televisión.


Los Simpson también tenían un personaje lesbiana, Patty Bouvier, la hermana de Marge, un personaje trans llamado Brunella Pommelhorst, una pareja gay estereotipada (Grady y Julio) y por supuesto Smithers. South Park y Padre de familia, siguieron esta fórmula, atacando a la homofobia de la sociedad estadounidense.

Hora de aventuras, una producción de Cartoon Network creada por Pendleton Ward y estrenada en 2010, es considerada como la pionera en esta problemática. Sobretodo con la representación explícita de la relación romántica entre la Princesa Chicle y la vampira Marceline, entre las que acaba surgiendo una relación romántica. Steven Universe es otro ejemplo, puesto que no solo tiene como mente creativa a una realizadora LGTBI sino que muestra sin censura diversos matices queer. Ciertamente la TV no enfrenta tantos problemas como lo hace cine.

Actualmente encontramos una variedad de personajes LGBTI en series animadas. Pero el cine no corre la misma suerte
Batman: mala sangre muestra por primera vez una mujer lesbiana en una película animada. La superheroína Batwoman coquetea con la detective Renee Montoya. Hablan de su orientación sexual y su padre se muestra apoyándola. La cinta de Dc del 2016 no supuso ningún malestar para el público. Pero Dc tiene una postura sumamente abierta en el tema de los LGBT en sus cómic y películas animadas que gozan de bastante aceptación ya que su potencial público son mayoritariamente adultos y jóvenes. El caso de Batwoman no sería el único, puesto que Dc ha mostrado la bisexualidad de forma explícita de algunos personajes como Constantine y Wonderwoman.

Entre los ejemplos más recientes que se muestra abiertamente personajes LGBT, son The Owl House de Disney, y Love, Death & Robots de Netflix. En The Owl House tenemos al personaje principal que se identifica como Bisexual; Luz ha mostrado sentirse atraída por personajes masculinos, sin embargo en los episodios más recientes se ha mostrado cómo se explora una relación entre Luz y Amity, de forma explícita.


En Love, Death & Robots tiene un campo más abierto a la inclusión, sin embargo se trata principalmente de un producto para un público adulto. La serie pretende reflejar la sexualidad, el sexo y los comportamientos queer normalizados. Es decir, no se les da importancia, puesto que la vida sexual de las personas es algo natural y no un tabú.

Los productos más infantiles no corren la misma suerte. Salvo algunas excepciones, de ellos, el más recordado es ParaNorman, en la cinta, Courtney está enamorada de Mitch y lo invita a ver una película de terror . Para la sorpresa del público el gran le dice: “Sabes, vas a amar a mi novio. ¡Es como un loco de las películas de chicas”. El codirector Chris Butler dijo que la orientación sexual del personaje estaba explícitamente relacionada con el mensaje de la película: “Si le estamos diciendo a cualquiera que vea esta película que no juzgue a otras personas” Era una película para niños, si, no causó tanto escándalo, tampoco, el problema es que al igual que Coraline (cinta con guiños LGBT) es stop motion, un formato de animación sumamente infravalorado.


Algunos productos animados, dentro de los cuales, entra varios ejemplos de Disney-Pixar, reflejan lo que Paul Wells llama queeridad intrínseca. Wells expone que del mismo modo que las sexualidades de estos personajes evitan su identidad o un encasillamiento, no porque sean de sexualidad fluida sino que su “ que permanecen activa y constantemente abiertos a la interpretación”. Posiblemente el ejemplo más adecuado sería Elsa de Frozen, Timón y Pumba, My little Pony, Luca, por solo mencionar algunos.
“La homosexualidad, básicamente, está o no está, se ve o no se ve” pero todo depende de quien lo refleje…

Bibliografía
Farley, Rebecca: From Fred and Wilma to Ren and Stimpy: what Makes a Cartoon ‘Prime Time’?
Martí López, Emilio: Homosexualidad, infancia y animación: Investigación Del nacimiento de Pebbles Picapiedra a la adopción de Ling Bouvier.
Steinberg, Shirley y TALBURT, Susan: Pensando Queer; sexualidad,cultura y educación.
Ruso, Vitto, 1987, The Celluloid Closet: Homosexuality in the Movies
Wells, Paul: Animation and America

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