Una distopía consumista o la pasión de WALL-E

WALL-E (2008) es una cinta animada que desprende madurez intelectual, se aparta de convencionalismos temáticos y nos invita a subsanar la sostenibilidad de nuestras costumbres. Dirigido por Andrew Stanton , el filme cosechó excelentes resultados en crítica y taquilla, siendo considerado por muchos especialistas el mejor largometraje de todo el año.

See you, Space Cowboy

Un eco en clave neo-noir se deja escuchar desde el opening, homenaje audiovisual que evoca la estética “James Bond”, prefigurando otros artificios del género como la presencia urbana de sombras, grises y planos cercanos. El cine de artes marciales, por su parte, es reverenciado en el combate cuerpo a cuerpo, en su coreografía estilizada y en el exotismo de los escenarios pugilísticos: la azotea de un edificio que se desmorona, el interior de una iglesia de fachada gótica, entre otros.

El efecto Nausicaä o la fundación filosófica de Ghibli

Ambientado en un futuro post-apocalíptico, distopía de manual, el filme acompaña las peripecias de su protagonista homónima, princesa de un pequeño reino cercado entre dos potencias guerreras. El entusiasmo bélico de la humanidad (catalizador para un conflicto atómico bautizado como los “Siete días de fuego”) favoreció el exterminio, comprometió la sobrevivencia de la especie-todas las especies. Mil años después, sobre un mundo abarrotado de esporas tóxicas e insectos mutantes[ii], los gobiernos de Tormekia y Pejite se disputan la posesión de un “Dios de la guerra”[iii], bestia causante del cataclismo, la casi-extinción.

Referentes de altura en la animación “infantil” Pixar y el pesimismo de Schopenhauer

Después de un visionado detenido del filme, sobre todo en lo relativo a 22 y su condición de nonato perenne, un filósofo y su sistema de pensamiento se descubren influencia indudable. Arthur Schopenhauer (1788 – 1860) es considerado como una de las cumbres del idealismo occidental. Fungió, además, de enlace cultural hacia la filosofía del Oriente, máxime en lo referido al budismo y taoísmo. Resulta también proverbial su militancia en favor de los derechos animales, equiparados, a su juicio, con los humanos. A pesar de esta amplitud e intensidad temáticas, el apartado intelectual de Schopenhauer que mejor ha sorteado los embates temporales es su hondo pesimismo, prefiguración de las corrientes existencialistas que lo sucederán.